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El miriñaque, un disparate entre las prendas femeninas

Para nadie es un misterio que la ropa femenina a lo largo de la historia ha sido de todo menos cómoda. Aunque la ropa masculina se simplificó en muchos momentos de la historia, llegándose a reducir a dos o cuatro prendas dependiendo del clima, la femenina se fue complicando más y más.

Con tal de abarcar el ideal de belleza que la sociedad exigía se llegaron a utilizar tal cantidad de objetos que el cuerpo de la mujer quedaba atrapado y deformado entre kilos de telas. Otras muchas mujeres, además, han visto como sus cuerpos eran extremadamente modificados, creando un sinfín de problemas de salud y de incomodidades en su vida cotidiana. A nuestra mente pueden venir los infames y famosos “pies de loto” o los cuellos largos y llenos de anillos de la tribu Padaung.

No obstante, no es de modificaciones de lo que vengo a hablar. Sino de la prenda más incómoda, absurda y mortal ideada para una mujer: el miriñaque.

En el siglo XIX, el cuerpo femenino debía tener un busto voluminoso, una cintura estrecha y unas caderas extremadamente anchas. Dado que ese cuerpo no puede existir las mujeres vestían corsés y utilizaban grandes faldas para realzar sus caderas. En un primer momento, una gran falda con un par de enaguas era suficientes. Pero conforme los años avanzaban, la moda se convirtió en una carrera sobre quién tenía la cadera -o la falda- más ancha. Llegando al punto de utilizar casi una quincena de enaguas debajo de la falda.

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Mujer utilizando un amplio vestido, a la moda de la época.

Por supuesto, el calor, el peso y la limitación de movimientos sumados a un corsé, con toda seguridad, extremadamente apretado, convertían a las mujeres en presas fáciles de desmayos y sofocos. De ahí proviene la idea de que las mujeres era débiles “de alma” que se desvanecían a la más mínima noticia. En realidad, eran incapaces de soportar una respiración agitada debido a las prendas.

Para solucionar estos “inconvenientes”, las mujeres echaron mano del ingenio para añadir volumen a sus faldas sin enaguas. Usaron desde llantas de bicicletas, hasta artilugios rellenos de aire o de agua. Hasta que apareció una nueva invención. Un armazón hecho de crin de caballo y lino, “crinis” y “linus”, se lo llamó crinolina. Aunque ha pasado a la historia más conocido como miriñaque. El miriñaque o la crinolina elevaba y anchaba las faldas sobremanera sin un excesivo peso.

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Dibujo de cómo luce el armazón y el corsé sobre el cuerpo femenino, elementos que se escondían tras elegantes vestidos.

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A la derecha, una vista de lo que había debajo de los voluminosos vestidos. A la izquierda, el ritual diario de las mujeres para poder vestirse.

Sin embargo, las mujeres se encontraban con que tenían que controlar un amplio perímetro para poder moverse. Sentarse o atravesar una puerta podía llegar a ser una verdadera odisea. Para más inri, en una época en la que el fuego estaba muy presente en las casas era un arma letal andante.

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Caminar o moverse eran verdaderas odiseas llenas de obstáculos.

Las velas que estaban por doquier y las chimeneas eran un peligro constante para cualquier mujer y su entorno. Un movimiento en falsos y la voluminosa falda se encendía rápidamente atrapando a su portadora. En 1858 el “New York Times” escribió un artículo sobre esta prenda y añadió como dato que era la causa de tres muertes semanales aproximadamente. Las viñetas sobre esta prenda eran algo habitual, a veces burlándose de los métodos utilizados para alcanzar la “perfección”. También lo fueron las recomendaciones para las mujeres sobre cómo actuar frente a fuegos cercanos.

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Ilustración en la que se ve a una joven “inflando” una crinolina..
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Ilustración de una fiesta. El perímetro de las faldas dificultaba todo acercamiento.
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Los incendios eran muy habituales.

Para facilitar el movimiento de las mujeres la arquitectura cambió por completo. Las puertas ahora eran bastante anchas para que las mujeres pudieran atravesarlas con facilidad. Sin embargo, no siempre fue suficiente. Uno de las mayores tragedias relacionada con esta prenda fue un incendio en la iglesia Compañía de Jesús de Santiago de Chile. Aunque el incendio no tuvo relación con las faldas, el público entro en pánico y huyó de las llamas a toda prisa. Las crinolinas atascadas en las puertas de la iglesia se convirtieron en un muro infranqueable que acabó con la vida de aproximadamente dos mil personas.

Aunque no todo fueron desventajas, algunas mujeres utilizaron el espacio que formaba el armazón para trasladar numerosos objetos de contrabando. Por ejemplo, armas para los estados confederados tras la prohibición de la Unión.

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