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El martirio de ir a comprarnos ropa.

Variadas son las cantidades de locales, ferias y mercados que hay hoy en día y que ofrecen muchas opciones de prendas en cuanto a estilos, estampados, marcas y colores. Parece todo perfecto hasta que nos enfrentamos a una categoría para nada estable: los talles, aquellos que parece que tenemos definidos pero que a veces no coinciden o incluso no encontramos y nos ponen en un dilema para nada agradable con nosotros y con nuestro cuerpo. 

Dilema que no debería existir puesto que el problema no es nuestro, sino de los comercios y las marcas que presentan un ideal de cuerpo y que no suelen tener en cuenta que cada unx de nosotrxs es distinto y presenta diferentes necesidades a la hora de vestirse. Las marcas deberían adaptarse y estar preparadas para todo tipo de clientes, pero esto no ocurre en muchísimas de ellas.  

Es claro que en esta situación ocurre en todo el mundo, pero en Argentina en particular y según una encuesta que realizó la ONG AnyBody del país el año pasado, el 70% de los argentinos tiene dificultad para encontrar ropa de su talle. Esto ocurre debido a que los talles más grandes son una inversión para las empresas, por lo que la mayoría se limita a tener prendas S, M y L para abaratar costos en lugar de apostar a otro sector del mercado que es igual de importante que el ideal de cuerpo que ellos poseen y que les genera menos gastos. Podrían pensar en que incluir a muchos nichos puede hacer que recuperen esa inversión, pero prefieren quedarse con lo más fácil y con lo que, mucho más importante, nos hace sentir mal e inseguros.

Esto no es solo dañino en términos de moda y de compra sino en la psicología y la visión que cada uno pasa a tener de sí mismo por no encontrar ropa adecuada o que nos haga sentir cómodos. El mayor grupo de riesgo es quizás el de la adolescencia, ya que se encuentran en una etapa de adaptación y crecimiento y pueden llegar a sentirse hasta discriminados por no encontrar ropa acorde y de moda para ellos, lo que los excluiría de la actualidad a la que quieren pertenecer. “La adolescencia es una etapa de crisis porque uno tiene que pertenecer a un grupo y el hecho de no poder formar parte porque no tienen lo mismo para ponerse, genera frustración y en algunos casos complicaciones más graves como trastornos alimenticios o depresión” afirma la psicóloga Analía Suárez.

Tanta es la frustración que pasa a percibirse la forma del cuerpo propio, flaco o gordo, como algo malo, como si no tener el cuerpo ideal para los locales y sus talles hiciera que no mereciesemos vestirnos como nos gusta. Para evitarlo es esencial la aprobación de una Ley de Talles de la que hablamos en Malibú, que fue sancionada hace casi un año pero que todavía no avanzó con su funcionamiento y sigue siendo reclamada por varios diputados para su aplicación al cien por ciento.

Seguir luchando por nuestros derechos y la igualdad a la hora de elegir ropa y vestirnos es principal para conseguir el reconocimiento de todo tipo de talles y de que merecemos el mismo trato y respeto como peresonas y consumidores.

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