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El guapo más codiciado

Si bien es cierto que el origen de la palabra ensayo proviene del latín exagium para nombrar algo concreto y preciso, la autora hace un repaso entre los grandes autores representantes de este género, para definirlo, entre los que destacan Montaigne y Bacón por el crédito histórico, y Alfonso Reyes por la metáfora con la que lo describe.
Dichos personajes históricos escribían una suerte de ensayos de corte
humanístico, todos en un vaivén entre filosofía y literatura, como tratados que versan sobre la moral o la identidad nacional de un estado emergente, en consolidación, para el caso del mexicano Reyes Ochoa.

En este sentido, y aunque posteriormente la autora desarrolla con mayor amplitud las posibilidades del ensayo, este género principalmente literario y filosófico resuelve las necesidades del autor de conversar consigo mismo y con autores que ya han escrito con anterioridad sobre los temas específicos a desarrollar.
Las posibilidades que históricamente ofrece el ensayo son precisamente esas, la oportunidad de dialogar sobre cualquier tema sustentado y esquematizado, lo cual permite a científicos de todas las disciplinas desarrollar los temas de su interés, por ejemplo en el campo de la biología o la genética, por citar el ejemplo de Gregorio Mendel quien luego de realizar una rigurosa investigación científica con guisantes, se encargó de divulgar su obra mediante este género: el ensayo.

Esta posibilidad metodológica permitió a Gregorio Mendel divulgar su obra cumbre “Experimentos sobre hibridación de plantas” y aunque en un principio fuera ignorada, más tarde se convertiría en obra cumbre de la genética y la herencia.
Esta posibilidad no excluye a los periodistas por supuesto. El ensayo es
considerado un género híbrido, según el mexicano Alfonso Reyes, quien lo dibujó como un centauro por la ambivalencia de su naturaleza. Lo cual nos permite verter opiniones o subjetividades desde una postura totalmente crítica.

El verbo característico del ensayo es probar, no como un medio para la
comprobación, sino como un medio epistemológico para la reflexión subjetiva del sujeto ontológico y cognoscente.
El ensayo es una experiencia epistemológica que permite la prosa sobre la duda.
Para el ensayo todas las posibilidades son tentaciones y no se detiene a pretender probarlas todas. Históricamente, el ensayo también es irrupción.
Probablemente desde esta postura el ensayo parece no ser una herramienta
eficaz para el periodista, puesto que este sí está obligado a escribir para
comprobar y verificar sobre hechos particulares, noticiables, noticiosos y
comunicables; sin embargo, el ensayo nos permite jerarquizar la relevancia de nuestras investigaciones según nuestras subjetividades siempre y cuando estas sean de manera concienzuda, ya que exige que el lenguaje sea sencillo y entendible, sin pretensiones academicistas pues el principal objetivo de un comunicador es buscar la verdad y que esta se socialice, se difunda y encienda las luces de las que habló Kapucinski para ver correr a las cucarachas.
Aunque el ensayo periodístico es un género de opinión, requiere un esfuerzo
intelectual más profundo, pues su propia exigencia metodológica es mucho más extensa. En ensayo no es puntualmente un ejercicio literario, filosófico o periodístico únicamente, el ensayo es un híbrido nutrido de estas tres disciplinas racionales y emocionales totalmente válidas por su propia naturaleza humana.

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