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El Fast Fashion no es muy punk de tu parte

Los que crecimos en los 90´s o antes aún podemos recordarnos usando un suéter de nuestro hermano mayor, con unos jeans que nos heredó un primo, y unos tennis que nos duraban años. Si te quedaban largas las mangas, tu tía le subía el dobladillo, y si te caías y rompías el pantalón, tu abuelita le cosía un parche.

La neta es que muchos de mis mejores looks nacieron así: buscando en el clóset de mi papá una playera vintage de alguna banda setentera que cortar, coser, y ponerme con los jeans favoritos de mi hermana, y con los aretes y collares que usaba mi mamá en los ochentas.

Ahora lo pienso y me doy cuenta de que era una actitud bien punk de mi parte, incluso antes de saber algo, lo que fuera, del movimiento. Me explico:

Uno de los pilares del punk como movimiento o subcultura es el DIY (Do It Yourself, Hazlo Tú Mismo), como una forma de rechazo directo a la cultura del consumismo, y a los ciclos de las modas y tendencias. Si lo aplicamos a la ropa, podemos entender el origen de los pantalones remendados con colores llamativos y las chamarras llenas de parches: una prenda rota aún puede realizar su función de cubrirnos de la intemperie, así que no es necesario comprar una nueva, simplemente arreglarla. Pero tampoco es necesario pagar por eso, sencillamente hay que aprender a remendar o a colocar parches. Pero sobre todo no tengo por qué ocultar que arreglo mi ropa en lugar de comprar nueva, así que le pongo un parche con el logo de mi banda favorita, cosido con hilo rojo, y amarillo donde ya no me alcanzó, y a lucirlo en la próxima tocada.

Entonces sí, si lo piensas detenidamente, tu abuelita es bien punk.

Sin embargo, el futuro nos alcanzó, y la forma en que compramos, vestimos y nos expresamos ya no es lo que era.

Todos hemos estado ahí. Te compras una blusa o un pantalón bonito, que te encanta. No es caro, pero tampoco exactamente barato. Lo usas para ese evento, después se lo prestas a tu hermana… y a las dos semanas, sale de la lavadora totalmente desgastado, roto o descolorido. ¡Pero si es nuevo! Vas a la tienda a pedir explicaciones o, más probablemente, a reponerlo; pero te encuentras con que “ya salió la nueva colección”, y toda la ropa que tienen es diferente, hasta de otro estilo. ¿Qué pasó aquí? Bienvenido al mundo del fast fashion.

El fast fashion, o moda rápida, es un modelo de producción y ventas en que, a diferencia de lo que solían hacer las grandes casas de moda (lanzar colecciones primavera-verano y otoño-invierno y ya), las marcas van renovando sus colecciones y prendas aproximadamente cada seis semanas, lo que va forzando un ciclo de consumo; cada mes y medio sale una colección padrísima que me quiero comprar ya. Además, la ropa que compré hace seis meses ya pasó de moda, ni siquiera se parece a lo que los demás están usando ahora.

Entre las marcas que nos hacen esto, podemos encontrar muchas de nuestras favoritas: Zara, Victoria´s Secret, Stradivarius, Shein, Pull&Bear, Oysho, Uniqlo (mi fav), Bershka, Forever 21, C&A, GAP, Mango, Shasa, H&M, y muchas, muchas otras.

A esto hay que sumarle otros dos enormes problemas. Primero, que los materiales utilizados son de pésima calidad, usualmente de origen sintético. ¿Qué significa esto? Que es ropa básicamente hecha de plástico, por lo que dura poquísimo en buenas condiciones, y tarda muchísimo en biodegradarse (se puede quedar en un vertedero, contaminando, más de cien años).

Y segundo, que utilizar materiales de mala calidad no es la única forma de reducir los gastos de producción, sino que se requiere de mano de obra barata. Muy barata. Por eso, la mayoría de las prendas de las marcas mencionadas están manufacturadas en países asiáticos como Bangladesh, donde la gente que trabaja haciendo tu blusa nueva pasa de 14 a 16 horas diarias, en pésimas condiciones, trabajando en fábricas a cambio de salarios míseros.

Pero entonces… ¿qué hago para reducir el impacto del fast fashion?

Como siempre, yo diría que lo primero es informarse, e informar a otros. Uno no puede comenzar a resolver un problema, si la gente ni siquiera sabe que existe el problema.

Así que lee, infórmate, averigua de dónde viene la ropa que usas, cómo y con qué está hecha, qué impacto puede tener darte un gustito… Y pregúntate: comprar esto, ¿qué tan punk sería de mi parte?

Bonus: les quiero compartir un artículo que me encontré; es de Estefanía Camacho para Gatopardo, y se llama Vivienne Westwood: moda, punk y activismo. Aquí les dejo el link:

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