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“El Estado está muy ausente en la regulación de las normativas de la industria de la moda”

Entrevista a Beltrán Horisberger

Martina Ruiz


En un intento por encontrar respuestas acerca del gordoodio presente en el mundo de la moda entrevisté a dos modelos plus size de Argentina, que además militan por la diversidad corporal. En la charla con Agustina Cabaleiro (@onlinemami_) le pregunté por qué la falta de presencia de cuerpos gordos era aún más evidente dentro de la industria de ropa masculina, sin embargo, no logró darme una respuesta concreta. Esta conversación con Beltrán Horisberger busca poner luz a este asunto que tiene una relación directa con el Estado, las grandes marcas y todo aquello que consideramos hegemónico.


Texturas metalizadas, gafas de colores, perlas, bodys con correas, sombreros de cowboy con apliques de strass y mucho color rosa son algunas de las características que definen el estilo que luce en Instagram. Su perfil es una explosión visual que capta toda la atención, sobretodo la de sus más de 43 mil seguidores. “Empecé como modelo cuando me contactaron emprendimientos LGBT que necesitaban apuntar su imagen a la diversidad. A partir de ese momento me dí cuenta que; simultáneamente que visualizaba mi cuerpo potenciaba mi discurso en redes sociales”, contó Beltrán Horisberger.

Actualmente, es el conductor de Unicornio de Troya un ciclo de entrevistas transmitido desde YouTube y forma parte del panel de Altavoz, el programa de la TV Pública. Además es modelo plus size, activista gordo y comunicador. “Llevo adelante distintas iniciativas para la sociedad civil con las temáticas de masculinidades libres de violencia de género, derechos LGBT y activismo gordo”, agregó.

-¿En qué momento te diste cuenta que era posible vincular el hecho de mostrar tu cuerpo como un acto político y no solamente como la acción de modelar?

-Eso fue a fines del 2017. Mi inicio en el modelaje fue un camino con baches, la  industria de la moda está fuertemente atravesada por los estándares de belleza: una forma de la regulación de los cuerpos para reducir la potestad que tenemos sobre nosotros mismos. Al imponer estándares irreales e inalcanzables, las personas transitamos una constante insatisfacción con nosotros mismos. En Argentina  los bienes circulan con una libertad de mercado bastante caprichosa, que ni siquiera responde a las reglas de oferta y demanda. Todo se basa en las determinaciones de empresarios de la moda que están muy formateados y colonizados con estándares de belleza europeos, que no tienen nada que ver con el cuerpo latinoamericano. Por lo tanto, deciden imponer esos mandatos a la fuerza en lo que se conoce como “tendencia”.

-La Ley de Talles todavía no tiene una reglamentación en vigencia ¿A qué creés que se debe esta falta de atención por parte del Estado?

-La Ley de Talles no es considerada una prioridad en la agenda, sobre todo ahora, porque se colocan en primer lugar los asuntos relacionados con la pandemia. El Estado está muy ausente en la regulación de las normativas de la industria de la moda, además de otros asuntos que tienen que ver con la reivindicación de derechos de comunidades históricamente postergadas, no sólo por la administración actual sino por todos los gobiernos. Yo creo que el activismo gordo no es tomado en serio ni siquiera por el progresismo, incluso en esos círculos donde la militancia está presente y hay una deconstrucción en camino no se toma en serio la idea de la gordofobia.

La ausencia de oferta de talles variados es un hecho tangible en nuestro país, y así lo revelan los datos de la encuesta de la ONG Anybody Argentina la cual determinó que el 65% de les argentines tiene dificultades para adquirir indumentaria acorde a su cuerpo. Por su parte, las marcas masivas no muestran gran interés en ampliar su tabla de talles y nuevamente les emprendedores son quienes ocupan ese espacio vacante en el mercado.

“En nuestro país hay una cadena de criterios que atraviesa desde los diseñadores célebres hasta las pequeñas marcas de moda de venta masiva que tienden a querer parecerse a las grandes firmas, y estas, excluyen a las identidades gordas. Los que más arriesgan son los emprendedores y deciden incluir a un público postergado”, afirmó Beltrán.

-¿Por qué considerás que la visibilidad de modelos masculinos plus size es tan reducida?

-El hecho de querer vestirse bien o embellecerse usando prendas de ropa, en nuestra sociedad patriarcal y machista, es un gesto del orden de lo estético por lo tanto se da por sentado que pertenece al universo de lo femenino. Para empezar, la masculinidad no tiende a organizarse políticamente porque desde el goce de privilegios no tienen la necesidad de reclamar derechos. Aún así, nuestros cuerpos no son escrutados como los de las feminidades. Si bien existe esta plusvalía, el hombre no tiene facilidad para encontrar talles ni variedad. Según los mandatos patriarcales, los hombres nos tenemos que parecer todos a un único modelo de masculinidad y no vamos vestir colores brillantes, ropa con otro calce, o que realce algún aspecto de nuestro cuerpo, porque eso sería fugarse de nuestra masculinidad viril.

-¿Cómo surgió tu proyecto de visibilidad gorda en el cual las influencers compartieron fotos de modelos plus size?

-La idea surgió de un colega, Joaquín Sánchez Mariño. Cuando el problema de la censura específica de cuerpos en Instagram salió a la luz, se le ocurrió hacer un informe al respecto. Planteó un challenge en el cual una persona delgada o hegemónica debía compartir una foto de una modelo, actriz o activista gorda. Esto tuvo una repercusión super interesante, pero lo que pasó fue  que se terminó exponiendo lo que siempre sucede: cada vez que un cuerpo gordo se vuelve masivo las denuncias a ese perfil son teledirigidas en forma de ataques organizados y masivos, buscándoles las más mínimas infracciones, y esa cuenta es dada de baja. Hay una censura específica de cuerpos gordos en Instagram. Lo cierto, es que la plataforma entrega en bandeja todas las herramientas que necesitan las personas gordoodiantes para censurar un cuerpo. 

Todas las problemáticas que sufren los cuerpos gordos, tanto a la hora de conseguir indumentaria, su ausencia en las producciones de las firmas y revistas de moda y la censura que padecen en redes, radican en torno a una conceptualización errónea que carga la sociedad.

Beltrán lo resume de la siguiente forma: “El principal mensaje que plantea el activismo gordo es la necesidad urgente de la despatologización”.  Es sumamente necesario desprenderse de la idea de que la gordura es inminentemente una enfermedad y dejar de juzgar la morfología de los cuerpos sin conocer su historia.

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