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El Diablo Viste A La Moda, algunas reflexiones sobre la belleza, las relaciones de poder y la ética laboral (Primera parte)

-Ahora mira a Jesse, nada falso, un diamante en un mar de vidrio. La belleza verdadera es la moneda más preciada que tenemos, sin ella, no sería nada.

-Creo que te equivocas

-Disculpa

-Dije que creo que te equivocas

-¿Vas a decirme que lo que cuenta es lo de adentro?

-Sí, eso es lo que pienso

-Creo que si ella no fuera hermosa no habrías parado a mirar. La belleza no es todo, es lo único

La conversación anterior, es un dialogo extraído de la película El Demonio Neón (The Neon Demon, 2016), de Nicolas Winding Refn, que quizás tenga poco o nada que ver con la película a la cual voy a dedicar las siguientes líneas de texto –el primero de una serie de textos–, pero que me ayudará a introducirnos a una idea que siempre ha provocado un sinfín de debates respecto de la belleza vista desde la mirada enjuiciante de la ética, la idea de que las personas que son bellas físicamente, son mejores que las que no ostentan dicha cualidad. Es una realidad que en nuestra actualidad muchas personas asumen que la gente bonita debe ser moralmente superior que la gente fea, “Como te ven te tratan”, dicen, pero ¿a qué se debe esto?, bien, es innegable que la buena geometría facial, algunas cuantas curvas bien proporcionadas y distribuidas, y otros encantos agregados, más relacionados con estándares de belleza occidentales –anglosajones principalmente– como una tez de piel blanca y ojos claros, conforman éste prototipo de persona bella, que se ha convertido en objeto de múltiples campañas de mercadeo para establecerlo como figura aspiracional, hay industrias multimillonarias que dependen totalmente del éxito de esa figura, la de la moda es una de ellas, vive gracias a la imagen, realmente poco o nada le importa lo que haya en el interior de las personas, y ciertamente no lo necesita.

En El Diablo Viste A La Moda (The Devil Wears Prada, 2006), de David Frankel, Andrea Sachs (Anne Hathaway) es una joven que aspira a trabajar como periodista de planta en una importante redacción o casa editorial en Nueva York, ciudad en la que como es bien sabido, se encuentran algunas de las más importantes del mundo, tenemos el The New York Times en el ámbito puramente periodístico, en el financiero al The Wall Street Journal, y en el ámbito que ahora nos interesa, el de la moda, hablamos de la prestigiosa revista Vogue con sede en Times Square y cuya editora en jefe es nada más y nada menos que la icónica Anna Wintour, quien dirige a la revista con mano de hierro, la que es jueza absoluta del “buen gusto para vestir” y que dicta con la fuerza de su pluma lo que está in, lo que marcará tendencia, pues su opinión es la única que importa –han declarado varixs diseñadorxs–, tiene la capacidad de levantar carreras o de hundirlas, y para quienes a estas alturas no lo sabían, les paso el dato de que tanto la ficticia revista Runway como el personaje de Miranda Priestly (Meryl Streep), están basadas en la revista Vogue y en la misma Anna Wintour, así es, pero eso no es todo, la película El Diablo Viste A La Moda, es una adaptación de la novela homónima escrita por Lauren Weisberger y publicada en al año 2003, que narra justamente los problemas y circunstancias por las que Andrea debe pasar para ser asistente de Miranda en Runway y posteriormente alcanzar un éxito fugaz en un mundo tan demandante como lo es el de la moda.

Anna Wintour, editora en jefe de Vogue EE.UU.

Cuando Andy arriba a Runway, llega completamente ajena al ramo para el que ahora va a trabajar pero consciente de que una revista tan prestigiosa como Runway puede significar el trampolín que necesita para levantar su carrera como periodista, sin embargo, pronto su terrible estilo para vestir y sus nada agraciadas formas de moverse y venderse a sí misma –en el buen sentido de la palabra–, la ponen en serios predicamentos. Miranda la contrató como un experimento, con la esperanza de que la chica con el currículum y la ética profesional impresionantes sea la asistente eficaz y eficiente que ella necesita. Pero los constantes fallos para memorizar datos sobre marcas de casas de moda, sus primeras e infructuosas relaciones con Emily (Emily Blunt), la asistente principal de Miranda, y su evidente desconocimiento en tallas de faldas, artículos de maquillaje, y cinturones, pues dice que para ella todos lucen exactamente iguales, “Pero sigo aprendiendo de todo esto” –se justifica–, desatan esa terrible pero sutil furia, tan peculiar de Miranda, y ambas se ven enfrentadas en uno de los momentos más memorables de la película cuando la jefa le da una cátedra expedita a la nueva empleada de cómo funciona el negocio para el que ahora trabaja. Andy cansada de que su esfuerzo no es reconocido y de los múltiples regaños, está a punto de quebrarse hasta que Nigel (Stanley Tucci), importante miembro del equipo Runway, le dice que “…Porque este lugar donde muchos matarían por trabajar, tú solo vienes a trabajar”, claro que sin antes haberle remarcado el hecho de que ella tiene el trabajo que un millón de chicas quisieran tener, y que desde luego la industria de la moda, no es multimillonaria porque se fije precisamente en lo que hay en el interior de la gente. Así que si Andy desea sobresalir, deberá aceptar que para triunfar hace falta más que solo estar preparado, y más si se trabaja para Runway y para Miranda Priestly, es aquí donde llega el primer punto de inflexión para ella cuando decide cambiar su anticuado look por uno sofisticado, ad hoc a las funciones que desempeña y a la revista que representa. Con la asesoría de Nigel, Andy se hace de un vestuario que la lleva a cambiar por completo su imagen, la magia ocurre desde el momento en que se calza unos zapatos de Jimmy Choo y comienza a combinar en sus outfits vestidos, pantalones, abrigos, blusas, y accesorios, todo de marcas reconocidas mundialmente como Dolce & Gabbana, Manolo Blahnik, Nancy González, Narciso Rodríguez, y Chanel, entre otras; y es que ver a Andrea cambiando de outfit mientras suena Vogue, de Madonna, como acompañamiento musical, es lo más chic que se ha visto en la historia del cine. Les dejo una primera pregunta en este punto: ¿Debemos juzgar a Andrea por haber cambiado su apariencia en pos de conseguir avanzar profesionalmente? Si bien la idea del consumismo exacerbado me parece chocante, esa necesidad desmesurada por poseer y por aparentar, es interesante pensar en qué momento cruzamos la delgada línea que separa lo moralmente bueno de lo malo en las cuestiones de la imagen personal, si es que esa línea de verdad existe.

Andrea y sus outfits

Planteo aquí el ejemplo de cuando acudimos a una entrevista de trabajo, pensemos en que desde días anteriores a la misma, nos preparamos para vernos lo más presentables que podamos, cortamos nuestro cabello, nos vestimos con la ropa más formal que tenemos, usamos perfume, limpiamos nuestro calzado, las mujeres se arreglan el cabello y se maquillan, el manual dice que debes saber venderte para que el contratante te elija por sobre lxs otrxs candidatxs, hasta el no elegir es ya una elección, como le señala Miranda a Andrea en un principio, que ella crea que elegir su ropa anticuada la exenta del mundo de la moda es de facto, todo lo contrario, la moda, la ropa, los accesorios, no son simplemente prendas y artículos para la vanidad, son elementos iconográficos que definen nuestra identidad individual.

Es por eso que considero importante reflexionar sobre esto, personalmente siempre he pertenecido al grupo de personas –o al menos así lo creo– que piensa que lo que debería determinar la forma en que las personas nos ven y nos tratan es lo que llevamos por dentro, nuestros rasgos de personalidad, nuestros sentimientos, nuestros valores, etc. Pero tampoco puedo negar que en la realidad el mundo funciona diferente, por eso es que vivimos preocupadxs por lo que comemos, no solo por nuestra salud, sino por no subir de peso y por no “perder la línea”, por la ropa que usamos, ¿cómo se sienten cuando usan algo nuevo?, pareciera como si nuestra estima hacia nosotrxs mismxs cambiara al momento que nos ponemos un par de zapatos nuevos, como le ocurrió a Andrea con los tacones Jimmy Choo, de ahí que el nombre en inglés de la película se traduzca como “El Diablo Viste De Prada”, el glamour siempre nos resultará atractivo y seductor. En el ámbito laboral no es diferente, no sé si cuestionable o no, pero así es, una ejecutiva debe vestir cómo su puesto lo exige, el éxito de una vendedora depende en gran medida de su apariencia, Nigel le dejó esto claro a Andrea cuando le habló del poco interés que estaba mostrando en su trabajo, simplemente se estaba dedicando a quejarse y no estaba viviendo su vida en hacer un desempeño excelente, por lo que obviamente para Miranda solo representaba una empleada que no dejaba de ser normal, nada fuera de lo común.

Con esta primera parte del texto, lxs invito a pensar sobre la relación existente entre la belleza, la imagen personal y el éxito en el trabajo, porque tampoco debemos dejar de lado que en sociedades como la nuestra también es verdad que determinado tipo de personas con ciertas características físicas tienden a ser más favorecidas por el sistema en general, dígase la cuestión de raza como privilegio, ¡sí!, me refiero a las personas blancas y bonitas, ocurre luego, y por citar un ejemplo, que se dan casos en los que siendo hombres los encargados de seleccionar a su personal subordinado, eligen a la candidata más atractiva aún si ella no cumple con el perfil que la empresa requiere para cierta vacante, pero esa ya es una cuestión de otro privilegio –el de ser hombre y además misógino–. Lo que objetivamente no implica que exista una relación entre inteligencia y belleza física, desde ningún punto de vista, esos son puros prejuicios nuestros, vaya, ni ella es culpable de ser bonita, ni tampoco va a ser tonta justamente por eso, pero es un caso típico de cómo el hombre se aprovecha de ello. El punto aquí es que no porque nosotrxs no seamos tan agraciadxs físicamente, tenemos porque abandonarnos en nuestro cuidado personal, si además de todo contamos con las habilidades y capacidades para llevar a cabo un trabajo de manera excelente. He llegado a la conclusión de que como lo hizo Andrea, debemos prepararnos para transformarnos en ese aspecto, que no solo nuestras ideas hablen por nosotros sino también lo que se ve por fuera, que es a fin de cuentas lo primero que la gente ve, no es lo ideal, pero sí lo necesario. En textos siguientes voy a abordar otras temáticas que trata la película desde las cuestiones éticas que estas plantean, esperando que me sigan acompañando con su lectura y sus reflexiones.

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