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Dvotio, devoción por lo artesanal, lo social y lo sostenible (tercera parte)

El proyecto de la diseñadora pastusa Margarita Sarmiento es mucho más que una marca de ropa. No solo rescata las técnicas ancestrales de su región, también apoya a los artesanos en la formalización de su oficio, le apuesta a la economía colaborativa y se ha convertido en un referente de sostenibilidad en la industria de la moda nacional. Esta es la tercera y última parte de su historia.

Contar una historia por partes sin perder el hilo es difícil, pero en el caso de Dvotio había tanto por decir y todo era tan importante que esta fue quizás la única manera de mostrar el panorama completo. 

En las dos entradas anteriores (si no las has leído, haz clic aquí y acá) hablé de los más recientes acontecimientos que han sido noticia para la marca (el reconocimiento de XPosible y el desfile en el New York Fashion Week), su relación con las comunidades indígenas y artesanas de Nariño y algunas zonas de Ecuador —que va mucho más allá de la co-creación—, cómo nació este proyecto y las técnicas ancestrales que han sido exaltadas mediante su trabajo.

Para finalizar esta entrega especial, quiero hacer referencia al tema de la economía colaborativa, un punto muy importante para Dvotio y su fundadora, Margarita Sarmiento. La marca no tiene muchos empleados directos, pero sí indirectos: las maquilas o los “satélites” con lo que trabaja y que le ofrecen una alta calidad en la manufactura. 

“Esto significa que en nuestro taller no hay una costurera, pero contamos con todo un equipo de trabajo de una maquila que sabe lo que está haciendo. Esta metodología es flexible y nos permite empoderar a muchos emprendedores. Nuestros patronistas son empresarios y tienen sus propias marcas en el mercado. Con este modelo nos ayudamos, nos damos la mano, no hay competencias ni envidias”, asegura la diseñadora. 

Dvotio le encomienda la elaboración de sus zapatos a una famosa fábrica de calzado en Cali que tiene sus propios productos. La suya es una alianza colaborativa. “Ahora estamos ad portas de cerrar otra con los zapateros de Norte de Santander, que están muy bien organizados y tienen muy buen producto”.

La ruta Dvotio

Su proyecto tiene un cubrimiento de casi 2.000 kilómetros lineales sobre la cordillera. De hecho tiene un mapa que arranca en Bogotá y termina en Gualaceo, en Ecuador. “Investigar las técnicas artesanales ha sido una aventura para mí, porque me viajo una buena parte de los Andes”. 

Y es que Margarita se ha dedicado a buscar artesanos puerta a puerta para compensar las que le cerraron en su propio país por trabajar con artesanos ecuatorianos. “Para nuestros indígenas las fronteras eran puntos de encuentro, nunca eran líneas divisorias”, afirma.

El vecino país tiene un gran desarrollo textil y, según ella, a diferencia de Colombia, Ecuador sí ha podido hacer de la artesanía una economía formal, que es uno de los principales objetivos de su proyecto. “Posicionar a la artesanía dentro de la economía formal es el gran objetivo de Dvotio; es decir, que el artesano deje de ser informal en su trabajo. En esta zona la mayoría son agricultores por la mañana; por la tarde, luego de que las mujeres terminan los quehaceres del hogar, se dedican un rato al trabajo artesanal, a la guanga, al telar, pero no hay un control de lo que se teje cada día”. 

Esto, sumado a su compromiso ambiental y a la transparencia en la cadena de suministro, hizo que Dvotio fuera la primera empresa de moda en Colombia en recibir la certificación BIC (Bienestar Interés Colectivo), otorgada a las empresas que están redefiniendo sus modelos de negocios para crear valor económico, social y ambiental. 

“Desde nuestro nacimiento en 2010, hemos tenido estos tres ejes fundamentales en nuestro modelo de negocio, pero además medimos nuestro impacto ambiental, es decir, tenemos cifras del impacto de nuestra producción y a cuántas personas estamos beneficiando”. 

Este gran logro no solo llena de orgullo a Margarita y a sus colaboradores, también le ha abierto las puertas a otros mercados, como el americano. “Esperamos tener el registro como una empresa estadounidense en los próximos 6 a 8 meses”. Esta decisión la tomó luego de que se le cerraran muchas puertas en Colombia. “Es una lástima que en mi caso se aplique lo de no ser profeta en tu tierra”.

No obstante, la diseñadora sigue empeñada en lo suyo: resaltar la devoción de los artesanos hacia lo que hacen, hacia su trabajo. “Seguimos luchando para que puedan llegar a un nivel de formalidad; les damos herramientas para que apliquen en sus propios proyectos y nos metemos de lleno en las técnicas para entenderlas y comprender cómo podemos trabajarlas desde nuestro saber hacer”.   

Su moda está enfocada más al street style que a la pasarela; es una marca de lujo artesanal para llevar todos los días. “Esto nos permite hacer prendas funcionales, que se puedan usar más de una vez y que no se acumulen en el clóset. Le damos importancia al uso frecuente porque de eso se trata la sostenibilidad”.  

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