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¿Diseñadores de ropa? hay que preguntar a los poderosos

Por @mafergonp

Cuando Hillary Clinton era secretaria de estados de los Estados Unidos, en una entrevista un periodista le preguntó ¿Cuáles son sus diseñadores favoritos? La mujer, con gran poder mundial solo respondío:

-¡Diseñadores de ropa! ¿Usted le preguntaría eso a un hombre?, y así desvió el tema sin responder a la pregunta que podía parecer una banalidad pero en el fondo no lo es y yo, de estar en su lugar habría insistido en obtener una respuesta.

La moda, como dice Robin Givhan, periodista experta en el tema y editora en la materia para The Washinting Post, una herramienta de comunicación política, porque es la forma en que le decimos al mundo quiénes somos o cómo queremos que nos vean, es reflejo de nuestra personalidad, y los políticos son personas permanentemente expuestos a la opinión pública.

Hillary-Clinton

Es una pregunta que deberíamos hacer a quienes quieren dirigirnos de la misma manera como se habla del equipo favorito de béisbol o fútbol, de la misma manera como los políticos hacen referencia a la música que les gusta, a sus autores de libros preferidos, hablar de que tiempo de ropa compran, donde la compran o por qué prefieren a un diseñador determinado dice cosas de ellos.

El béisbol o la música pueden ser considerados tan banales como la ropa que usamos, pero la verdad es que todos los días no vestimos y cuando lo hacemos queremos expresar alguna cosa, una idea.

En el caso de los poderosos, sean políticos, hombres de negocio, celebridades, etc, sus atuendos los muestran en cada escenario y para cada ocasión de maneras distintas, transmitiendo conceptos distintos.

Cuando Barak Obama estuvo en Cuba y fue junto a Raul Castro a ver un juego de béisbol vistió un caqui y camisa blanca en mangas, quería verse cercano, pero sobre todo estar vestido de acuerdo a su posición de presidente sin dejar de parecer cercano a los cubanos.

El presidente de la isla vistió más bien con saco, pantalón y camisa, aunque sin corbata pero su mensaje era que no olvidáramos su posición en Cuba y frente a Estados Unidos. Nada es casual, todo eso está diseñado estratégicamente.

Pero además, cada firma, cada diseñador, cada casa de alta costura emite conceptos en sus propuestas y saber si un dirigente del mundo viste de estas permitiría saber por ejemplo si apoya la idea de sostenibilidad de la moda o se suma al #MeToo que ha tenido importantes expresiones en las pasarelas mundiales.

En el caso de las mujeres, como Hillary en esa entrevista, la cosa es más compleja, porque bien sea que lograron el poder por sus propios méritos o porque son acompañantes de un poderos, piensan que deben dejar de lado la feminidad.

No es así, no debe ser así y en ese sentido deberíamos dejar la pacatería y cambiar como ciudadanos. Atención, esto no implica, para nada, aceptar la vulgaridad al vestir bajo en amparo del estilo propio. Pero si ser más honestas.

Todas las mujeres, o al menos la mayoría, trata de meterse en el uniforme de los hombres, casi todas usan pantalones o faltada, con chaquetas tradicionales y por lo general de un solo color. Se adornan con discretos accesorios. No se permiten lucir brillos, escotes, vestidos con vuelos, colores y estampados llamativos.

Todas con algunas excepciones, como Hillary, se cuidan tanto que terminan por parecer demasiado conservadoras al vestir y planas desaprovechando la oportunidad de mostrarse más ellas mismas con la ropa que usan.

Las primeras damas, por ejemplo deben ser femeninas, elegantes, clásicas, pero cuando alguna se muestra sexi y se convierte en un ser sexual levantamos la voz y de inmediato lo rechazamos. Así ocurrió hace unos años cuando la exesposa de Peña Nieto posó para la revista Marie Claire y el mundo soltó un ¡Qué! mano en boca, a pesar de que era una figura vinculada al showbiz méxicano en su rol de primera dama era otra cosa.

No pensamos, no estamos sugiriendo que las mujeres del poder o vinculas a él deban andar por ahí mostrando sin sentido, solo por ser mujeres. Lo que estamos diciendo es que el aprovechamiento de los atuendos relajaría y haría más honesta la forma en que le muestran al mundo el poder que tienen y el que pueden ejercer, las haría más cercanas sin ser presuntuosas y más femeninas.

Aunque hay que reconocerlo, Michelle Obama cambió al mundo el varios sentidos, su estilo y la forma de presentarse ante todos fue uno de ellos, por mi parte y en cuanto tenga la oportunidad preguntaré a los políticos ¿Cuáles son sus diseñadores favoritos? Seguro las respuestas me van a sorprender y tendré más claridad acerca de lo que estos nos quieren decir cuando no hablan.

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