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Dentro y fuera del cuadro

Hoy hemos tenido la suerte de disfrutar de una de las exposiciones más bellas de los últimos tiempos, para la que no es necesario ser seguidor ni del arte ni de la alta costura: basta con abrir los ojos a la belleza.

Se trata de «Balenciaga y la pintura española», que nos ofrece una comparativa entre la obra del genial modisto vasco y diversas obras pictóricas españolas del más alto nivel, del siglo XVI al XX.

Balenciaga, el diseñador español más admirado e influyente de todos los tiempos es la primera vez que aparece en una exposición vinculando sus creaciones a sus fuentes de inspiración.

En la primera parte de la muestra aparecen cuadros que el diseñador pudo ver durante su infancia, destacando el maravilloso vestido azul inspirado el color del cuadro de la Inmaculada de Murillo o el famoso modelo «Infanta», reinterpretación de la silueta femenina en la Corte de los Austrias.

La siguiente sala, dedicada al Greco, nos muestra la similitud en figura y color entre creaciones del modisto y el pintor, en una brillante composición de luces y sombras.

La siguiente sala nos conduce a la Corte de Felipe II, donde se destacan modelos en negro que reflejan la austeridad típica de su reinado.

Los retratos de corte de Sánchez Coello o Juan Pantoja de la Cruz acompañan las creaciones del diseñador mostrando la indiscutible influencia de su estilo sobre las creaciones del modisto.

Una colorista parte de la muestra coincide con la estancia del creador en París, donde entra en contacto con fabricantes de telas artesanales, de tejidos y texturas preciosistas, así como con la inclusión de bordados en sus creaciones.

Balenciaga empieza a mostrar creaciones con pedrería y gran trabajo, con piezas de una indiscutible belleza, que encuentran su inspiración en bodegones de autores españoles de la época.

La sala dedicada a Zurbarán es posiblemente una de las mejores, por la importancia que el pintor tuvo en su obra.

La perfección en los pliegues de los lienzos del pintor, así como su estructura, le sirven al diseñador para creaciones únicas, algunas de las cuales, como el traje de novia que lució la reina Fabiola de Bélgica o Carmen Martínez Bordiú forman parte de la historia de la moda a nivel mundial.

Otro de los artistas españoles que servirían de inspiración para Balenciaga fue Francisco de Goya, cuya similitud en las obras destaca especialmente, tanto en texturas como en colorido.

La similitud de ambas creaciones es realmente sorprendente.

De los siglos XIX y XX, Balenciaga se inspira en los trajes regionales y populares, cuya influencia costumbrista se ve patente en las creaciones del modisto.

Para terminar, dos preciosos ejemplos de unión entre la más española de las pinturas y las creaciones de Balenciaga: Julio Romero de Torres,

y Zuloaga y su retrato de la duquesa de Alba, ante cuya belleza (la del cuadro y la del vestido) nos quedamos anonadados.

Una explosión de color, de texturas y de brillos que nos dejan ver el arte dentro y fuera de los cuadros.

Como colofón, pasamos por la tienda anexa, que nos ofrece artículos inspirados en la obra del diseñador. Nos llaman especialmente la atención las flores para adorno y, sobre todo, recortables que nos llevan directamente a la infancia.

DÓNDE:

Museo Thyssen Bornemisza

Paseo del Prado 8.

Hasta el 7 de Septiembre.

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