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Del vinilo al streaming: la transformación de la industria musical

La industria musical ha sido una de las más involucradas en la revolución digital desde principios de siglo. Si bien sus formatos han ido renovándose de década en década, en esta última el cambio ha sido brutal pasando del formato físico al digital, de las venta a la escucha bajo demanda.

Cuando se compraban discos…

Empezamos con la venta extraordinaria de discos durante la década de los 80, que gracias a la aparición del CD se abarataron costes, pero también facilitaban su copia ilegal. De este frenesí, pasamos al inicio de una crisis que se desató en los 90 donde los discos dejaron de venderse como churros y muchas productoras y discográficas bajaban las persianas.

Internet aún no había alcanzado su punto más álgido, que no será hasta finales de la década de los 00s donde prácticamente todo el contenido cultural que consumían los jóvenes procedía de la piratería. Un dato, en el segundo trimestre de 2009 se contabilizó que la industria musical cargaba con un 95,6 % de tasa de piratería.

La irrupción de iTunes y la venta digital

Ya en 2003, Apple había introducido en nuestras vidas una plataforma donde comprar canciones por tan solo 0,99 € la unidad, iTunes, que, aunque funcionaba con gran éxito en países como EE.UU., en España aún faltaban alternativas más atractivas para poder acabar con la más que asentada cultura pirata. La llegada de iTunes y los dispositivos iPod supusieron un antes y un después para la industria musical, muestra de la nueva forma de distribución que llegaba con el nuevo siglo.

iTunes in 2003. Apple announced today that it's finally the end of iTunes.  : nostalgia
Así se veía iTunes en 2003

Por lo tanto, si recapitulamos nos encontramos con el protagonismo absoluto del formato físico a principios de siglo, pasando por la hegemonía de la venta digital, nacida de la mano de Apple, alrededor de 2010. El formato .mp3 había llegado para quedarse, al menos por unos añitos, firmando la sentencia de muerte a los discos, que no a la venta física porque ya veremos como formatos como el vinilo han encontrado un nicho muy interesante.

El tornado del streaming azota toda una industria

Es finalmente en 2012 cuando las ventas digitales superan por primera vez a las físicas justo a las puertas de la nueva revolución que definió a la industria durante las década de los 10s, el streaming. Es en este punto donde tanto la venta física, como la digital y como la propia piratería (a primera vista, imbatible) empiezan a precipitarse a favor de la escucha bajo demanda.

¿Spotify? Encantando de conocerte

Es aquí donde la gran protagonista del streaming de música, Spotify, empieza a aparecer para el gran público. Sin embargo, antes de seguir avanzando veamos más detenidamente las andadas de la empresa sueca que lideró el nuevo modelo de negocio.

Spotify 2008 | Hipertextual
Captura de Spotify poco después de su lanzamiento en 2008

Como es imaginable, Spotify alcanzó el éxito que tuvo, y tiene, gracias a otros agentes que comenzaron a experimentar con nuevas formas de consumo y formatos con anterioridad. Plataformas primitivas como MusicNet o Pressplay concibieron una forma de streaming algo limitada, al final estaban creadas para favorecer a las propias discográficas. Sin embargo, la piratería y el intercambio de archivos seguían ganando indiscutiblemente la batalla – la web Napster, nacida en 1999, revolucionó el mercado siendo la pionera de las descargas ilegales y a la que luego seguirían otras como la famosa Emule o Ares.

Hay que remontarse hasta 2006 para presidir el nacimiento de Spotify, aunque 2008 fue el año en el que inician su actividad firmando acuerdos con grandes sellos musicales (Warner, Sony o Universal consiguieron buena parte del pastel). Poco a poco, el streaming comienza a hacerse un hueco en el mercado llegando a un mayor número de personas. Como precedente me gusta siempre citar la importancia de Youtube que en definitiva no fue más que una forma anterior de escuchar música, además de disfrutar de vídeos musicales. Incluso en muchos mercados, como América Latina, Youtube sigue siendo una de las principales plataformas donde entrar en contacto con la música de tus artistas favoritos (dominancia clara al comparar las cifras de un tema en español en Youtube y en Spotify). Digamos que se ha venido dando una migración progresiva desde Youtube hacia otras plataformas propias de música en streaming, quedando el uso y mercado de cada aplicación más delimitado.

Si la piratería fuera el Titanic, el iceberg sería nuestro querido streaming

A pesar de que el streaming llegó a nuestras vidas como cualquier otra revolución, es decir, con polémica y detractores, ha resultado ser el gran salvador del mercado musical. Gracias a estas nuevas opciones, sencillas y efectivas, la piratería ha comenzado a hundirse más rápido de lo que nos podríamos haber imaginado hace una década. Y esto no solo ocurre con la música, todo el sector cultural se ha visto muy beneficiado por estos servicios.

En la actualidad el streaming ya supone, atención al dato, en torno al 46,8 % de la totalidad de los ingresos de la industria. Se aprecia una gran disposición del mercado de pagar por contenidos que hasta hace poco se pirateaban.

Estos cambios también son visibles en otras industrias como la audiovisual (el cine) o los libros – con matices que ahora desarrollaré. Y ahora también, el mundo de los videojuegos, el último en subirse al carro.

El libro físico sigue ganando la batalla, un caso paradigmático

Si la mayoría del consumo cultural se ha pasado al entorno digital y las pantallas, parece que el libro como formato físico sigue resistiéndose con gran fuerza. Y esto es nada más y nada menos que por la propia experiencia que ofrece el papel al consumidor y que nunca podrán igualar los píxeles. Es el único formato físico que no solo ha sobrevivido a la irrupción digital, sino que mejora sus cifras.

¿Y qué está pasando con el vinilo?

Dentro de este universo del streaming nos encontramos con sorpresas como el renacimiento del vinilo. Ese formato que parecía casi desaparecido y que ahora vuelve para un nicho de mercado muy específico como un medio unido a la nostalgia, la calidad y la experiencia.

Una de las claves de su éxito es que nos gusta poder tocar las cosas, sobre todo si tienen atribuidas algún recuerdo o memoria personal. Al comprar un vinilo, la música que reproduce se convierte en nuestra propiedad. Todo esto configura una experiencia mucho más enriquecedora y completa.

El vinilo vende ahora más que el tradicional CD, pero quién sabe si en un futuro cercano la nueva generación de consumidores sentirá la misma atracción por estos que la nuestra por el vinilo.

El lanzamiento de temas y su consumo tampoco es el mismo

La llegada del streaming también ha ido transformando la forma en la que los artistas lanzan su trabajo y cómo este es consumido por el mercado.

Un ejemplo claro es la transmutación del concepto de álbum. Una carta de presentación de un artista, en mi opinión, imprescindible que da forma a su carrera y a su perfil dentro del panorama musical que hoy ha pasado a un segundo plano predominando el lanzamiento constante y fugaz de temas, uno detrás de otro. Una temática incluso discutida por la propia Beyoncé:

Las tendencias actuales pasan por sacar un sencillo tras otro, en búsqueda del nuevo reto viral y ocupar los primeros puestos en las listas de ventas. Las listas de reproducción han ocupado su lugar, privándonos de la historia que todo álbum narra.

Y esto en verdad lo está cambiando todo. Hasta las dinámicas de grabación de los artistas no son las mismas. Para bien o para mal, todo hay que decirlo.

Por lo tanto…

Es algo difícil poder predecir el futuro de la música porque, como hemos visto, los cambios se producen asombrosamente rápido sin ser conscientes de ellos mismos. Desde un punto de vista personal, la tendencia fugaz de sencillo seguirá marcando las agendas musicales, también motivado por la mayor libertad de los artistas con las disqueras que estas plataformas les proporcionan.

Y ya por último dudo de la desaparición total del disco en físico, especialmente para aquellos artistas consagrados o con una buena base de fans. Sin embargo, habría que apostar por formatos físicos (CDs y vinilos) que aporten algún tipo de experiencia adicional al fan, en definitiva se convierten en objetos de colección y admiración. Eso sí, olvidémonos del público general en cuanto al formato físico, ya que lleva años retirado de la batalla.

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