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Del diablo también se aprende

the_devil_wears_prada-912143633-mmedSi no puedo hacer otra cosa,  tengo un truco infalible para calmar estados de ánimo chungos:  me enchufo a una película visualmente gustosa, y cuanto más banal mejor.  En una ocasión encontré el remedio viendo “El diablo se viste de Prada“.

Dirigida por David Frankel, responsable de varios capítulos de la también banal ‘Sex and the City“, la película muestra las peripecias de Andy Sachs, una periodista con pretensiones, recién egresada de la universidad, que casi por azar, consigue un trabajo “por el cual un millón de chicas matarían”: el de ayudante de la asistente de Miranda Priestly (sosias de Anna Wintour), redactora jefe de la revista de moda más influyente del momento, Runway (trasunto de Vogue). Cierto que la susodicha tiene reputación de fría, tirana, hiperexigente y perfeccionista, pero todos los que la rodean aceptan sus peculiaridades, con el objetivo de mantener sus puestos, disfrutar del éxito que supone formar parte de la maquinaria Priestly y adquirir así una experiencia susceptible de abrirles cualquier puerta en el sector (si ella, por cierto, no decidiera impedirlo).

Andy, que no destaca por sus conocimientos de moda ni por su estilo vestimentario, se gana, casi también por azar, la confianza de  Miranda, y termina aceptando el humillante estilo de su jefa, rodeada por un elenco de personas, entre las que destacaremos dos: la asistente propiamente dicha de Miranda, Emily Charlton, y el director de arte, Nigel. Mientras la primera adopta con Andy un estilo vicario del de su jefa, irritable y tensa, el segundo se convertirá en su mentor estilístico y le ayudará a evolucionar en el proceloso mundo mirandino. Cada uno de los personajes alberga un propósito: Miranda, mantenerse como reina indiscutible en el trono mundial  de la moda,  Emily, ser designada por Miranda como acompañante en la semana de la moda en París, Nigel, conseguir su apoyo para ser fichado como socio en una importante operación del sector, y Andy, abrirse paso en el mundo periodístico, con el aval de la todopoderosaPor esa razón, Andy sacrifica la relación con su novio y amigos para convertirse en estilosa esclava  de los caprichos profesionales y personales de Miranda, Emily soporta sus estresantes humillaciones y exigencias y Nigel se mantiene entre bambalinas, al servicio del mínimo movimiento de pestañas de la gerente.

Sin embargo, los caprichos y cálculos políticos de Miranda generarán una gran frustración en los objetivos de nuestros tres amigos. A Emily se le niega su viaje parisino; en su lugar, Andy se verá obligada a acompañar a la jefa a Paris como persona de confianza para tal evento, con gran frustración por su parte por sentir que “robaba” sin quererlo el sueño parisino a su compañera; Nigel a su vez se entera en París de que no sería fichado para el cargo al que aspiraba, porque Miranda finalmente lo bloquea, temerosa de que con él se vaya una cohorte de fotógrafos, modelos y diseñadores.

Y por si fuera poco, aún en París, Miranda confiesa a Andy que acaba de recibir la demanda de divorcio del último de sus maridos y padre de sus dos hijas, harto de la imposibilidad de vida en común con su mujer. Tras esta confidencia, acompañada de alguna sincera lágrima, Miranda se suena los mocos, sacude su vestimenta y se pone en marcha de nuevo para continuar su imparable marcha de emperatriz de la moda. Al terminar el evento, y juntas Miranda y Andy en el coche que les llevará al aeropuerto de vuelta a NY, su jefa le comenta que se ve reflejada en ella, y le anima a seguir su camino porque….¿quién no querría una carrera así?”

…y aquí es donde el diablo nos da una lección: la de la responsabilidad sobre las propias elecciones. Andy responde: yo no querría una carrera así” y se baja del taxi para siempre, no sin pasar antes por la oficina a despedirse de sus compañeros y regalar alguno de los fetiches de moda que le han adornado desde sus llegada allí. En ese momento se encuentra a Emily dispuesta a tragarse el sapo de su París frustrado y satisfecha aguantando de nuevo los chaparrones de su jefa. Al ser inquirida por Andy con la mirada, ella le comenta que ese es el puesto que quiere y  para ello está dispuesta a pasar por todo eso. Nigel, que ha retomado su trajín como director de arte, recibe el comentario empático de Andy sobre su frustrado fichaje con un: “no importa. Miranda me lo recompensará”.

Todos en la película toman sus decisiones, señores de su destino, sin culpar a nadie: Miranda está dispuesta a sacrificar familia y vida privada por seguir reinando en la moda, Andy decide sacrificar el glamour de ese mundo, en busca de una vida que le parece más auténtica y de mayor satisfacción intelectual. Emily soporta la toxicidad de Miranda para seguir en un puesto que quiere, y Nigel perdona la traición de Miranda en espera una recompensa restauradora. ¡Me quito el sombrero ante la claridad de los objetivos individuales, las sinceras declaraciones de lo que cada uno quiere y no quiere, y la disposición de todos ellos a los sacrificios que conlleva conseguirlos!

Araceli Cabezón de Diego

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