Moda, Tendencias, Estilos. Compras y experiencias en la red

De padres e hijos…

 

 

 Dicen los psicólogos y pedagogos que la “impronta” paterna y materna de los hijos es adquirida en el estrecho margen de los ocho primeros años de vida, aproximadamente. Después, su personalidad podrá ser modulada parcialmente tanto por factores y experiencias familiares como por todas aquellas externas que por situación o destino se pongan al alcance de su experiencia vital. Pero el fondo básico del carácter personal, la manera de interpretar y afrontar los retos de dicha experiencia será prácticamente, salvo excepciones, invariable a lo largo de su vida.

 

Yo creo poder confirmar en base a mi experiencia personal, que esta afirmación es bastante cierta.

Y mas concretamente, me gustaría aclarar que dicha impronta se reparte prácticamente en un 50% entre ambos progenitores. Siendo su herencia tan patente en sus características positivas como en las negativas. Ya sean biológicas o psicológico-emocionales. Por esto, los hijos nunca van a estar a salvo de un cierto lado oscuro en su personalidad. Olvidadlo. Un padre/madre puede ser “el Santo Job”, pero si el otro es un/a “Víbora”, eso es lo que hay… Una mezcla.

Escribo estas palabras empujado por la reciente actividad de nacimientos que se están sucediendo en mi familia y círculos cercanos. Algunos de sus protagonistas son absolutamente novatos en este suceso (el niño/a al menos, siempre), otros no tanto, y me pregunto yo si ante tanto estímulo emocional, son realmente conscientes de semejante responsabilidad.

No solo me refiero a una crianza responsable dirigida al recién nacido, intentando cubrir sobradamente sus necesidades biológicas y sociales (desgraciadamente, algunos no llegan ni a eso), sino en cual es el bagaje personal que casi de manera inconsciente, van los padres/madres a legar en esos primeros “ocho años” a esta reciente criatura. Y ante esta situación, no vendría mal un pequeño “autoexamen”, intuyo. Obviamente, aquellos que no hayan sido padres o madres, les resultará un poco mas complicado empatizar con esta situación… -“¿Impronta? ¿? ¿Que es esto?”-.

Será a partir de esta nueva situación cuando comprobaréis que cada ser que viene a este mundo es absolutamente único. Más aún cuando quien viene es un segundo hijo, en el que las diferencias se harán inevitablemente aún mas patentes, pues comprobareis que, aún viniendo de los mismos padres, cada hijo será completamente diferente.

Ante semejante suceso, nuestra visión de la vida sufre un cambio brutal. El paso de ser hijo a ser padre nos aporta ese punto de vista que quizá nos faltaba para acceder a ese estado de percepción de la realidad que solemos denominar madurez. Sin embargo, es un hecho que en la actualidad se está produciendo un descenso enorme en la cantidad de nacimientos, y aun ritmo inversamente proporcional al aumento de pacientes en las consultas de psicólogos. ¿Alguien puede explicarme el por que de todo esto?.

En mi opinión, creo que la principal causa reside o debe tener alguna relación con el pequeño detalle que he mencionado anteriormente. Pues tengo la impresión que en nuestras sociedades estamos sufriendo un notable déficit de madurez. Y que gran parte del motivo de este déficit se debe a que probablemente se esté dando una regresión en la calidad de la impronta que estamos aportando a nuestros hijos. De manera que hijos con adolescencias prolongadas, al crecer, dan adultos incapaces y con un elevado índice de inmadurez, que, a su vez, va ha repercutir en sus futuros hijos, si alguna vez tienen alguno.

Las expectativas no son nada buenas, ¿verdad?. Si el avance en la calidad de vida de nuestra generación en relación a la que soportaron nuestros mayores, es patente en aspectos tecnológicos, sociales y médicos, me temo que el problema radique mas bien, en un retroceso progresivo de nuestro desarrollo emocional.

El cual, volviendo a esos primeros ocho años, puede verse afectado de manera determinante por uno de los problemas que con mas frecuencia se está dando en la actualidad y que surge cuando, fruto de la inexperiencia o pertinente reflexión previa, confundimos la idea de que ser único no significa necesariamente ser especial. Porque ciertamente es así. La obviedad de que un hijo es o será  “especial” para unos orgullosos padres, no implicará que esté predeterminado a que también lo sea para el resto de la variada y también, única humanidad. Y esto conviene tenerlo a menudo en cuenta si queremos aportar una saludable inteligencia emocional a nuestro hijo. Pues para llegar a ser alguien realmente especial para el resto de la humanidad, necesariamente antes, habrá de esforzarse día a día y trabajar mucho mas duro que llegar a tener “algo mas que una cara bonita”, que por cierto, menguará con el paso de los años. Y ni aún así, el éxito estará asegurado.

Y no diferenciar correctamente estos dos conceptos desde el principio, acarreará posiblemente en el futuro ciertas disfuncionalidades tanto personales como sociales a estos individuos, los cuales muy probablemente, crecerán con una inherente incapacidad para superar los inevitables fracasos que le surgirán en su vida. Especialmente cuando descubran casi ofendidos o decepcionados, que el resto de los mortales no los tratan como “los reyes del mambo que se han llegado a creer que son”. Y llegado a este punto, ¿que “rey león” quiere ser destronado por su propio hijo?. Como resultado, ser padre/madre deja de contar como uno de los objetivos principales en las vidas de numerosas personas en estos días.

Lógicamente, una sociedad constituida en su mayoría por personas que se creen especiales, y por tanto, con tendencia a ser mas exigentes en “derechos” que en “deberes”, se complica bastante, pues así se conforma una realidad enferma, en la que el “deseo de recibir” predomina y desplaza al “deseo de dar”. Con casi todos sus miembros pidiendo sus merecidos privilegios, y mostrando que, prácticamente, todo lo que dan es suficiente motivo para exigirlos. Cuando en su mayoría dan lo que quieren (que suele ser “lo que les sobra”), y no lo que en realidad el resto de los mortales, les piden realmente. Y así, esta deriva que se forja de manera masiva desde la cuna, acaba dando con mucha probabilidad personas conflictivas, con problemas de disciplina, generosidad, esfuerzo y socialización en el colegio o propio ámbito familiar, con compañeros, profesores o hermanos, a los que toma mas como adversarios que compañeros y mas tarde, con parejas a las que someter, dominar y utilizar. O sea, resumidamente, personas tóxicas, cuya intoxicación afecta y repercute tanto en sus conocidos como en su propia persona.

Esto es lo que pasa cuando partimos del mundo ficticio en el que nos han colocado. Y claro, -“¿que hace un ser tan especial como yo en este mundo rodeado de gente ciega que no me valora lo fantástico que soy?”-. Para este tipo de persona, los tóxicos son todos los demás. ¿A ver quien le dice que parte de una posición errónea, simplemente por ser falsa?. -“Disculpa querido/da, pero no eres tan especial como te crees”-… De hecho, semejante atrevimiento va a ser tan mal encajado, que probablemente dejes de formar parte, automáticamente, del elenco de fantásticos amigos de esta persona. Que lo sepas.

Una muestra eficaz de estos postulados la podemos observar nítidamente en las redes sociales. ¿Que loco se atrevería a mostrar sus propias miserias? Muy pocos. ¿Quienes cuentan con mas seguidores en las redes? Aquellos que se erigen en portadores del éxito en forma de fama, lujo o belleza. Particularmente llamativo es el caso de Instagram. Lo que surgió como una plataforma con especial prominencia del arte fotográfico, se ha convertido en un espejo de nuestras vanidades. Veo por ejemplo, a personas totalmente anónimas con miles de seguidores, cuyo elenco fotográfico siendo de una calidad mediocre, está basado casi exclusivamente en la exposición de su propio cuerpo. Y claro, os podéis imaginar los comentarios al pie de pantalla… ¡ejem!…Lógico. Porque, ¿a quien no le gusta ver un culo o unos bíceps bien trabajados?, porque está claro que hay que trabajarlos. Normalmente son glúteos fruto de gimnasio, o de “coger espárragos en el campo”, aunque de estos últimos, hay pocos en Instagram, la verdad. Por supuesto que no digo que no haya que hacer ejercicio, yo mismo lo práctico desde pequeño, y es absolutamente recomendable por los efectos saludables que genera, pero pensar que por eso, seréis especiales es ir demasiado lejos. Culos y bíceps trabajados hay millones. Y “seguidores”, también. Y todos, afortunadamente (a no ser que seamos extraterrestres…), son muy parecidos.

De similar manera, también han surgido tendencias sociales cada vez mas frecuentes que reflejan esta deriva, como los actuales “movimientos animalistas”. En los que el elemento animal toma preponderancia en detrimento del humano,  dando como resultado a una gran cantidad de personas que se rodean mas de animales que de otros seres humanos. Pongo por ejemplo un dato: en la ciudad de Barcelona, el año pasado se produjeron 11.000 adopciones caninas y 6.000 matrimonios… Como veterinario que lidia a diario con este tema, creo que esto merecería un artículo completo aparte. Pero para situarlo brevemente en relación con éste, solo mencionaré el hecho de que cada vez mas a menudo, nos encontramos con personas que “tratan a los perros como humanos y a los humanos como perros”. Tal es así, que la mayoría de escuelas de educación caninas coinciden en insistir que, en casi todos los casos, para corregir comportamientos anómalos de un can, es imprescindible, corregir primero al dueño. Y si esto no sucede, el adiestramiento esta condenado al fracaso. Lo cual ocurre mas a menudo de lo que pensamos.

Se trata de una manera fácil de ser especial para alguien, por supuesto. Para las mascotas,  su amo es “su dios”. Sin esfuerzo ni mirada crítica. Al menos eso piensan sus dueños. Y así, cada día me encuentro con animales cada vez mas confusos, antisociales y completamente al margen de la especie a la que pertenecen. O sea, por ejemplo, perros tan pirados o descolocados como sus dueños. Como el ejercicio físico, es muy bueno tener mascotas, lo malo es desubicarlos del verdadero valor que nos aportan. De igual manera, aunque no sea una premisa muy confortable de aceptar, de padres confusos y descolocados, saldrán hijos igualmente confusos y descolocados. Eso si, con honrosas excepciones que, a pesar de algunas nefastas improntas, cumplen ciertamente con la Teoría Evolutiva de Darwin

Pienso por tanto, que debería surgir otro movimiento igualmente masivo de “padres/madres conscientes”, con la intención de contrarrestar de manera eficaz este disturbio social en el que con frecuencia nos vemos envueltos. Padres con capacidad de autocrítica y con la suficiente lucidez para examinar cual es la impronta que van a legar a sus propios hijos, aquella que es impalpable o inmaterial pero mucho mas perdurable, e intentar en la medida de lo posible, que ésta sea lo mas digna posible y antes de que sea demasiado tarde. Herramientas útiles para que nuestros hijos progresen en sus vidas tanto o mas que nosotros, y que en ellas tengan la suficiente capacidad de aprender y apreciar todo aquello que nosotros, como padres/madres, no fuimos capaces en su día, de enseñar.

Por lo que a mi respecta, espero que así haya sido en mis “dos personas especiales”. Una de las cuales, acaba de volver de París tras haber vivido su primera experiencia universitaria, y haber definido por decisión propia lo que a partir de ahora, será su propio camino. Camino en cuyo recorrido encontrará sin duda tantos errores como aciertos, que deberán ser asumidos en su día por su protagonista. En este caso, como dijo Julio César al cruzar el río Rubicón con sus legiones, “la suerte está echada”.

Para él y para todos los hijos que algún día iniciarán su propio viaje, os dejo la traducción de uno de mis poemas favoritos que a mi juicio refleja de manera hermosa  todo aquello que un padre debería enseñar a sus hijos. “If” fue escrito por Ruyard Kipling en 1.895. Pero a mi juicio, actual como la vida misma y certero como una flecha en su diana… Espero que os guste tanto como a mi.

Peter.

Si…

Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor
están perdiendo la suya y te culpan por ello;
Si puedes creer en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero respetas sus dudas;
Si puedes esperar pacientemente sin cansarte en la espera,
o siendo engañado, no pagas con mentiras,
o siendo odiado, no das camino a tu odio,
y aún así no pareces demasiado bueno, ni hablas demasiado sabio.

Si puedes soñar y no hacer de los sueños tu amo;
Si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu único objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso
y tratar a esos dos impostores justo de la misma manera;
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho
tergiversada por malvados para engañar a los tontos,
o ver como se rompe todo lo que has creado en tu vida
y agacharte y reconstruirlo con herramientas maltrechas.

Si puedes hacer un montón con todas tus ganancias
y arriesgarlas a un golpe de azar,
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir nunca una palabra acerca de tu pérdida;
Si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones
para seguir adelante mucho tiempo después de haberlas perdido,
y resistir cuando no queda nada dentro de ti
salvo la Voluntad que nos dice: “¡Resistid!”.

Si puedes hablar con multitudes y mantener tu virtud
o pasear con reyes y no perder el sentido común;
Si ni los enemigos ni los queridos amigos pueden herirte;
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado;
Si puedes llenar el inexorable minuto
con sesenta segundos que valió la pena recorrer,
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más: ¡Serás un Hombre, hijo mío!

Rudyard Kipilng.

Relacionado