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¿De dónde nacen las tendencias?

Podríamos pensar que las tendencias nacen de la inspiración del creador, que la pasarela es aquella que impone lo que estará a la moda en los siguientes años, pero en realidad no es así.

Detrás de la creatividad del diseñador existen personas dedicadas a investigar y analizar lo que sucede en la sociedad para definir qué es lo que compraremos y porqué lo haremos, desde mucho antes que nosotros sepamos que el producto existe.

Los cazadores de tendencias nos clasifican de acuerdo con nuestro comportamiento basado en nuestra cultura, clase social, grupos con los que nos relacionamos, entre muchos otros factores que nos identifican como un nicho de mercado.

Pese a que la ropa nació como respuesta a la necesidad básica de protegernos, la moda en su evolución se ha convertido en un símbolo de pertenencia y, aunque odie aceptarlo, de estatus.

Desde el inicio de las civilizaciones podíamos identificar el rango de una persona dentro de la sociedad de acuerdo con su vestimenta, la ostentosa manera de vestir de María Antonieta es una gran ilustración de la desigualdad que existía en la monarquía francesa, actualmente las condiciones no han cambiado mucho, pero ese es tema de otro espacio.

Regresando a las tendencias, es importante reconocer que vivimos en una sociedad de consumo y nuestro sistema se basa en crearnos la necesidad de gastar lo necesario para pertenecer, las empresas dedicadas a “cazar tendencias” observan el comportamiento de los individuos para predecir sus decisiones futuras, existen diversas empresas dedicadas a esto, la principal es: WGSN.

WGSN es una empresa internacional dedicada a pronosticar la conducta de sectores de la población específicos. Dicen los que saben “la información es el nuevo petróleo” y WGSN cobra grandes cantidades de dinero a cambio de una recopilación de datos que se traduce en imágenes, noticias e inspiraciones que servirán al diseñador para crear colecciones monetariamente exitosas.

Existen dos maneras en las que una tendencia se vuelva ganadora:

La primera es un efecto “descendente”. Comienza siendo un producto exclusivo, algo a lo que solo los grandes influencers, como actores, deportistas o músicos famosos pueden acceder, es esa exclusividad la que lo hace atractivo al cliente, poco a poco la tendencia va popularizándose y llega a los estratos bajos de la población, es cuando pierde su “esplendor” y se vuelve algo cotidiano y poco deseado. Como los teléfonos inteligentes.

El caso contrario es el efecto “burbuja”, este efecto nace de las posiciones más bajas de la pirámide de consumo, y se populariza hasta llegar a la cima. Podemos identificar varias tendencias con movimientos contraculturales que se convierten en objetos monetizables, como el caso del PUNK, una corriente antisistema que a la fecha nutre de inspiración a una industria que lo perpetra, vaya ironía. Otro ejemplo del efecto burbuja es la capitalización de algunas culturas, lo que conocemos como apropiación cultural. Tejidos que incluso antes eran vistos como “mal gusto” son tomados por diseñadores conocidos y los convierten en objeto de deseo para sectores que previamente los menospreciaban.

Alexander McQueen. Otoño/invierno 2019

Las tendencias son un tema interesante, una tendencia tiene alto grado de manipulación en nuestras decisiones, juegan a favor del mercado para adaptarnos a lo que ellos pretenden que sea el “bien vestir” y esta es la invitación que les hago siempre: mantengamos los ojos abiertos y nuestra autenticidad intacta.

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¿De dónde nacen las tendencias?

Podríamos pensar que las tendencias nacen de la inspiración del creador, que la pasarela es aquella que impone lo que estará a la moda en los siguientes años, pero en realidad no es así.

Detrás de la creatividad del diseñador existen personas dedicadas a investigar y analizar lo que sucede en la sociedad para definir qué es lo que compraremos y porqué lo haremos, desde mucho antes que nosotros sepamos que el producto existe.

Los cazadores de tendencias nos clasifican de acuerdo con nuestro comportamiento basado en nuestra cultura, clase social, grupos con los que nos relacionamos, entre muchos otros factores que nos identifican como un nicho de mercado.

Pese a que la ropa nació como respuesta a la necesidad básica de protegernos, la moda en su evolución se ha convertido en un símbolo de pertenencia y, aunque odie aceptarlo, de estatus.

Desde el inicio de las civilizaciones podíamos identificar el rango de una persona dentro de la sociedad de acuerdo con su vestimenta, la ostentosa manera de vestir de María Antonieta es una gran ilustración de la desigualdad que existía en la monarquía francesa, actualmente las condiciones no han cambiado mucho, pero ese es tema de otro espacio.

Regresando a las tendencias, es importante reconocer que vivimos en una sociedad de consumo y nuestro sistema se basa en crearnos la necesidad de gastar lo necesario para pertenecer, las empresas dedicadas a “cazar tendencias” observan el comportamiento de los individuos para predecir sus decisiones futuras, existen diversas empresas dedicadas a esto, la principal es: WGSN.

WGSN es una empresa internacional dedicada a pronosticar la conducta de sectores de la población específicos. Dicen los que saben “la información es el nuevo petróleo” y WGSN cobra grandes cantidades de dinero a cambio de una recopilación de datos que se traduce en imágenes, noticias e inspiraciones que servirán al diseñador para crear colecciones monetariamente exitosas.

Existen dos maneras en las que una tendencia se vuelva ganadora:

La primera es un efecto “descendente”. Comienza siendo un producto exclusivo, algo a lo que solo los grandes influencers, como actores, deportistas o músicos famosos pueden acceder, es esa exclusividad la que lo hace atractivo al cliente, poco a poco la tendencia va popularizándose y llega a los estratos bajos de la población, es cuando pierde su “esplendor” y se vuelve algo cotidiano y poco deseado. Como los teléfonos inteligentes.

El caso contrario es el efecto “burbuja”, este efecto nace de las posiciones más bajas de la pirámide de consumo, y se populariza hasta llegar a la cima. Podemos identificar varias tendencias con movimientos contraculturales que se convierten en objetos monetizables, como el caso del PUNK, una corriente antisistema que a la fecha nutre de inspiración a una industria que lo perpetra, vaya ironía. Otro ejemplo del efecto burbuja es la capitalización de algunas culturas, lo que conocemos como apropiación cultural. Tejidos que incluso antes eran vistos como “mal gusto” son tomados por diseñadores conocidos y los convierten en objeto de deseo para sectores que previamente los menospreciaban.

Alexander McQueen. Otoño/invierno 2019

Las tendencias son un tema interesante, una tendencia tiene alto grado de manipulación en nuestras decisiones, juegan a favor del mercado para adaptarnos a lo que ellos pretenden que sea el “bien vestir” y esta es la invitación que les hago siempre: mantengamos los ojos abiertos y nuestra autenticidad intacta.

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