Moda, Tendencias, Estilos. Compras y experiencias en la red

De Diana Vreeland a Joey King: el poder de un vestido rojo

Cuenta la leyenda (y este artículo de Vanity Fair) que Valentino sufrió el mayor shock de su vida en la Ópera de Barcelona cuando era estudiante: “Vi a una mujer con cabello gris en uno de los palcos, muy hermosa, vestida de terciopelo rojo. Entre todos los colores usados ​​por las otras mujeres, se veía única, aislada en su esplendor. Nunca la olvidé. Creo que una mujer vestida de rojo siempre es magnífica. Es la imagen perfecta de la heroína en medio de una multitud“. Desde entonces, el escarlata ha acompañado todas las colecciones del diseñador italiano, que incluso llegó a acuñar su propia tonalidad: el famoso “rojo Valentino”.

Algo similar me ocurrió a mí el otro día (no tan intenso) mientras ojeaba la alfombra roja de los últimos People’s Choice Awards y me topé con el look de Joey King. La actriz, además de alzarse con la estatuilla a Mejor Intérprete de Comedia, fue de las más alabadas de la noche por su conjunto: un vestido rojo con falda pantalón, pliegues estructurales y top peplum de Robert Wun. También fue un éxito el vestido globo de Christian Siriano que lució Jennifer López y que ocupó todas las portadas del día siguiente.

Lo cierto es que, a pesar de haberlo visto miles de veces, el hechizo del vestido rojo no parece romperse. Tal vez sea por la larga historia de este color en el mundo de la moda y lo que refleja su simbología. Durante siglos, vestir de rojo ha simbolizado legitimación del estatus social, rango religioso, autoridad política o identidad cultural. Los egipcios envolvían a sus muertos con lino rojo para que los protegiera en su entrada al inframundo. Los espartanos, los persas y más tarde los romanos lo llevaron para librar sus batallas, y mucho después la Iglesia lo escogió para identificar a los estratos más altos de la pirámide eclesiástica. La relación llega hasta nuestros días, en los que el rojo continúa asociándose a la pasión, el poder y la fuerza.

Sin embargo, el influjo del carmesí no viene marcado solamente por su intensidad visual o su significado, sino también por su impacto en nuestro estado de ánimo y en los demás. Diversos estudios, recogidos por la BBC en este artículo, determinan que, por ejemplo, vestir de rojo hace que nos sintamos más dominantes y que nuestras reacciones a los estímulos sean más rápidas, aumentando nuestro ritmo cardíaco y los niveles de testosterona. O que nos sentimos más atraídos por la misma persona si lleva una prenda roja que si la lleva de cualquier otra tonalidad. El profesor Andrew Elliot, de la Universidad de Rochester, que ha liderado muchas investigaciones sobre los efectos de los colores en nuestra psique, reconoce que el impacto de pigmentos como el azul o el verde mengua bastante al lado del que puede causar el rojo.

No es de extrañar, entonces, que el poderío del vestido rojo siga fascinando a los diseñadores contemporáneos. Convertida en la prenda estrella de la temporada de otoño/invierno, ha protagonizado los últimos desfiles de Bottega Veneta, Oscar de la Renta, Valentino (obvio) o Givenchy (antes de Matthew Williams, pero ya hablaremos de eso…), y se puede encontrar en toda clase de variantes. Ya sea con lentejuelas, corte asimétrico, grandes volúmenes o de silueta minimalista, hay un vestido rojo para cada estación, ocasión y personalidad.

Bella opta por cuello alto, lentejuelas y escote trasero para esta carta de amor a Nueva York de Vogue USA.

Pero pese a los beneficios que pueda aportar, convertirse en la “mujer de rojo” no convence a todas. En un panorama de la moda dominado por el negro y los neutros, manejar la intensidad e incluso la agresividad del rojo no es fácil, menos todavía con un vestido. Por eso, cuando sale bien, el efecto puede ser tal que llega a dejar huella en la historia. Estos son algunos de los vestidos rojos más icónicos de todos los tiempos (al menos, mis favoritos personales) y la prueba de que, sin duda, seguimos cayendo rendidos ante el embrujo del escarlata.

Relacionado