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DE CORONAS, VIRUS Y EL DRAMA DE CANCELAR UN EVENTO.

Antes de comenzar, sepa el lector que quien firma estas letras es totalmente consciente de que habiendo vidas humanas en juego el Protocolo que importa de verdad es el Protocolo médico. Pero el Coronavirus también está afectando, innegablemente, a los eventos internacionales y para los profesionales esto es dramático.

La primera víctima fue el Mobile World Congress de Barcelona, uno de los eventazos anuales en España, que mueve cerca de 460 millones de euros anuales y que da trabajo a 14.000 personas durante la feria. Lo que no consiguió una convulsa situación política lo logró un pánico global (justificado o no, eso que lo valoren los médicos). Cancelar de última hora un evento de esta envergadura conlleva un coste económico durísimo, pero también un coste emocional para los equipos profesionales que se han estado dejando la piel durante meses en la organización y planificación del evento y que no pudieron ver materializarse el producto de su trabajo. Una lástima.

Después nos llevamos el disgustazo con el Carnaval de Venecia, evento mágico donde los haya. Tras un análisis PESTEL se vio clara la inviabilidad del acto. No, no me estoy inventando palabras. Un análisis PESTEL es una herramienta de la Planificación de Eventos para la toma de decisiones. Se analizan los factores políticos, económicos, sociales, tecnológicos, ecológicos y legales que rodean a un evento por si saltara alguna alarma. (Pero claro, realmente no hace falta estudiar para organizar un evento, ¿verdad?. Cualquiera puede organizar un evento, ¿verdad?) En el caso de Venecia las alarmas saltaron. Las alarmas PESTEL saltaron en rojo fluorescente y se decidió tomar la dolorosa decisión de adelantar dos días el fin del evento. El daño económico es evidente, a lo que hay que añadir la falta de uno de los eventos más emblemáticos del mundo. La vida es menos bonita sin el Carnaval de Venecia. Una lástima.

“LA VIDA ES MENOS BONITA SIN EL CARNAVAL DE VENECIA”

 

Italia sigue sumida en las tinieblas y la semana de la moda de Milán también se vio afectada por la situación. Giorgio Armani decidió “desinvitar” (vale, es posible que esa palabra sí me la haya inventado…) al público que debía asistir a su desfile y las modelos desfilaron en una sala vacía mientras el show se retransmitía por streaming. Varias de las fiestas y eventos satélite de la Milan Fashion Week fueron cancelados de manera fulminante. La industria de la moda puede ser tachada de frívola, superficial e incluso futil. Pero la semana de la moda de Milán, además de crear marca ciudad, deja unos 50 millones de euros dos veces al año. Excepto este. Una lástima.

“¿COLECCIONES A/W?”

Y lo que aún nos queda por ver…

Tomar la decisión de suspender un evento nunca es fácil, siempre es tremendamente amarga. Pero, queridos, función fundamental del anfitrión es velar por la seguridad y bienestar de sus invitados. Y si esto se viera comprometido, por la razón que sea, no nos queda más remedio que cancelar el acto y ver cómo todos esos meses de trabajo, esas noches sin dormir planificando, y la ilusión de vivir la emoción del directo se van como lágrimas en la lluvia. Por no mencionar la bofetada económica que va implícita en estas cancelaciones. Una lástima.

Recomendaciones express de I Love Protocolo:

.- En este caso, señoras y señores, mi recomendación es que se cuiden en la medida de lo posible. No se me pongan malitos, eso sí sería una auténtica lástima

Gracias por leerme.

 

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