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De catálogo

A mediados del siglo XVIII se inició por primera vez la venta por catálogo. Hay quien le pone fecha exacta, 1744. Y se lo atribuye a Benjamin Franklin, uno de los padres fundadores de Estados Unidos, que publicó un catálogo para vender libros científicos y académicos. La venta por catálogo se ha desarrollado hasta el infinito. De hecho, hay empresas que sólo venden así. Ya sea por catálogo editado o, aprovechando las nuevas tecnologías, por medios digitales o a través de internet. Y bien directamente, bien con el trabajo intermediario de un agente comercial. Incluso también puede entrar en técnica mixta: un establecimiento ofrece presencialmente los productos pero no todos las referencias, que se pueden encargar con mayor conocimiento de causa ya que se ha podido testar directamente elementos parecidos o incluso los mismos, pero en distinto color, por ejemplo. No obstante, como todas las ventas, las que son por catálogo utilizan las técnicas del marketing directo. La única diferencia con respecto a la venta presencial es su peculiaridad de distribución, que se puede apoyar en los canales de distribución clásicos de mayoristas y minoristas o en una distribución directa, en la que los productos o servicios se entregan aprovechando los métodos de envío como el correo (incluso el electrónico dependiendo del tipo de venta) o las ya extendidísimas empresas de transporte. Independientemente del método elegido tanto como para ofertar el producto como para entregarlo, lo que resulta más que evidente que la presentación del mismo tiene que ser lo más cuidado posible. Cuanto más detalle se ofrezca, mejor. Y cuanto más cuidada sea la representación, la imagen, también mejor. En este caso, estamos ante una de las fotografías del catálogo de Wolkenstricker, la compañía que fundó en 1979 Eva Dietrich. Una exquisita selección de materia prima, un cuidado en los diseños y en los acabados la convirtió en una de las referencias clásicas de la moda alemana. Y sigue como en sus inicios. Preciosos bordados y líneas originales para su ropa. Y un mimo en las fotografías, como en ésta, en la que nos ofrece una chaqueta abotonada fantástica para jugar al billar. Es decir, dinámica y que permite una movilidad para el día a día. Y con la sutil elegancia para cualquier ocasión que se nos presente.

Billarketing Por Marco Molina

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