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De Botticelli a Zara, Venus renace

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Hay cuadros que producen fascinación a través de los tiempos. Dos de Botticelli, en especial, Nacimiento de Venus y La primavera, me generan ese estadío de atracción irresistible. Hay una belleza absoluta que hipnotiza.

Mientras algunas obras despiertan gran interés por el artista que las creó, por la historia que tienen o su valor (o precio), otras por la magia que irradian. Y las menos, por todas estas cualidades juntas. Durante siglos, el arte buscó reflejar lo bello del mundo. A comienzos del siglo XX, y en pleno auge de la industria de la moda, la belleza se corrió de lugar. Despreciada por el arte (que expandió sus límites para acaparar lo feo, lo vulgar, lo abstracto, lo conceptual, etc.) empezó a ser primordial en el mundo del diseño de modas.

En la pintura Nacimiento de Venus, Venus –que según la mitología clásica nació de la espuma marina- está colocada arriba de una concha de mar; dos dioses del viento –Céfiro y Aura- soplan para llevarla a la orilla y una de las Horas –diosas de las estaciones- está a su lado, con una túnica en mano para arroparla. La pose de Venus, entre etérea, femenina, con ese cabello largo que llega a cubrir sus genitales, es atrayente de por sí, así como el vestido maravilloso de una las Horas y la túnica que lleva en sus manos. El cielo celeste al fondo (un poco más acá, oscureciendo), el mar verde claro detrás, las flores como flotando alrededor de Venus… todo es preciosismo puro.

Realizado por Sandro Botticelli en 1485, este cuadro no pierde vigencia. De belleza inusitada, tiene un poder de acaparar toda la atención. Uno se pierde frente a semejante obra. La naturaleza imperante, los cuerpos de dioses y diosas majestuosos, así como esos pocos ropajes que inducen a repetir el mantra “lo quiero”.

Venus se ha convertido, en 2020, en “la cara” de la moda. Así como la Mona Lisa supo ser protagonista de remeras de Zara, también de otras firmas, de moda y decoración, ahora es el turno de la diosa que tan bien representó Botticelli. Zara,  Mango, Pull & Bear y Urban Outfitters tomaron su rostro para imprimirlo en remeras, una de las prendas más democráticas y populares de la industria fashion.

Con la única premisa de vender, estas firmas se suman a la tendencia de ofrecer arte al universo moda. Acá no tanto por el diseño, sino por lo simbólico de llevar en tu remera a la protagonista de una obra clásica. Con acento marketinero, Venus es la diosa que querremos ser, con esa imagen atemporal y siempre cool.

Fuente: Vogue.es

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