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COVID-19: ¿cuáles son los retos del mundo de la moda? Parte II: Moda Consciente

Un modelo intermedio entre la moda rápida y la moda sostenible será clave para las marcas que quieran apostarle a un negocio cada vez menos lesivo con el planeta. Foto: StockSnap en Pixabay

Estos días de confinamiento me han permitido pensar en muchas cosas y reflexionar sobre otras tantas. Prefiero hacer lo primero de manera asertiva, aunque no siempre es fácil en medio de tanta zozobra. Lo segundo me facilita formular hipótesis sobre hechos que aún no ocurren, pero que son fáciles de prever porque hay antecedentes.

Esto es lo que ocurre con el tema de la moda y el coronavirus. ¿Qué será de la industria después de la pandemia? Luego de pensar en la palabra “desaceleración” (tema de la primera parte de mis reflexiones), llegó a mi mente la de “moda sostenible”. Después, gracias a mi amiga Pamela Ospina, emprendedora y diseñadora caleña creadora de la marca de ropa femenina Faenza, con quien tuve una conversación hace unos días vía Instagram Live, encontré el concepto de “moda consciente” que se ha igualado erróneamente al primero. Ella me compartió el artículo “De la sostenibilidad al nuevo ‘conscious’”, publicado en un portal llamado Manual de moda, en el que se habla de una especie de modelo intermedio entre la moda rápida y la sostenible.

Ahora bien, en el mundo de la moda de nuestros días muchas marcas nacieron con la conciencia de la sostenibilidad, probablemente porque sus creadores tuvieron una inquietud temprana sobre el asunto y decidieron arrancar por ahí. Otras fueron encontrando el concepto por el camino y lo acogieron paulatinamente. Algunas apenas contemplaban esta posibilidad antes de que un nuevo actor entrara a la escena mundial: el coronavirus. 

Ahora la cosa es a otro precio. Esta pausa obligada no solo fue un “alto” para la moda, también para sus consumidores. Que en medio del aislamiento preventivo obligatorio solo se dé “permiso” para salir a comprar artículos esenciales, como alimentos y medicinas, y que las tiendas de ropa, zapatos y accesorios hayan tenido que cerrar sus puertas indefinidamente, les ha dado a muchas personas una real dimensión del “consumismo” del mundo actual. La moda no es esencial, es una de las industrias más contaminantes del planeta y muchas de las personas que forman parte de la cadena trabajan en condiciones deplorables, devengando salarios paupérrimos.

Esto no es nuevo. Ya se había hecho evidente tiempo atrás, pero quizás es hora de actuar. Los clientes tienen la batuta en este asunto. “Sabemos que la digitalización llegó para quedarse, que el consumidor será más responsable no solo con su dinero sino también con el planeta”, afirma el portal de moda en el artículo “¿Navegar la crisis o salir de ella?” Esa es la realidad, o el menos la que muchos esperamos.

Lo más seguro es que muchas marcas, en especial aquellas que no surgieron como una alternativa sostenible o que necesiten replantear su negocio debido a la crisis, “deberán alejarse un poco del concepto a causa de los elevados costos de fabricación y precios”, según explica Manual de Moda. Y es que hacer moda sostenible, no es para todos pues implica varios elementos (solo voy a citar los más importantes, pues hay muchos más): 

  1. Utilizar materias primas naturales que duren en el tiempo y que su siembra y recolección no signifiquen un daño para el medio ambiente. 
  2. Que los procesos de producción sean amigables con el planeta y eviten el desperdicio a toda costa, tanto de agua como de energía y de materias primas.
  3. El uso de tinturas naturales o no tóxicas.
  4. La utilización de empaques reutilizables.
  5. Asegurar que todo el proceso, desde el diseño hasta la comercialización, garantice el cumplimiento de los derechos laborales y un trato justo.
  6. Diseños atemporales (fondo de armario) y ediciones limitadas.

Por supuesto, poner en práctica todo lo anterior puede no ser muy rentable para algunas firmas. Ahí es donde entra el término ‘Conscious’ (consciente). “El principio Consciente es más fácil de aplicar, de comunicar y es más cercano al público, humaniza las marcas y las hace más fáciles de leer por el cliente. ¿Qué traduce el término en la moda? La conciencia en los procesos, en las compras, en las contrataciones, en el consumo”, asegura el blog.

Según el texto, esto supone “comprar insumos con buena procedencia o al menos con larga vida, asegurarse que todos los procesos son hechos a conciencia, sin desperdicio, con salarios justos y condiciones laborales óptimas. Que las prendas hayan sido estudiadas, pensadas y no simplemente copiadas, que haya un corazón detrás de la maquinaria al que le importa el mundo, sus empleados y la comunidad que rodea la marca”.  

A esto le sumaría yo, en las condiciones actuales, la reinvención de los espacios de trabajo, en especial de los grandes talleres y fábricas que ahora deberán tener en cuenta tres puntos clave a la hora de producir:

  • Asegurar que en los puestos de trabajo se mantenga el distanciamiento social (mínimo 2 metros entre cada persona).
  • Proporcionar permanentemente elementos básicos de seguridad para evitar el contagio: guantes, tapabocas, gel anti bacterial, lavamanos cercanos y, en casos especiales, uniformes con tela anti fluido.
  • Disponer turnos de trabajo que permitan limitar el número de personas en un mismo espacio.

Por supuesto, las tiendas tendrán que limitar el ingreso de personas, sobre todo aquellas con gran afluencia de público, y proveer a los clientes de gel antibacterial, además de establecer protocolos para la desinfección de la ropa que es probada por los clientes para garantizar la seguridad de quienes se la miden después y de quienes se encargan de vender. Esto significa también una conciencia en la venta. 

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