Moda, Tendencias, Estilos. Compras y experiencias en la red

COVID-19: ¿Cuáles son los retos del mundo de la moda? Parte I: desaceleración

El aislamiento preventivo obligatorio decretado por el gobierno ha puesto en apuros al sector de textiles y confecciones, que ha tenido que parar casi por completo su operación en el país. Esta pausa, sin embargo, le da a la industria una nueva oportunidad para encausar su camino. ¿Qué viene?  Foto: atom6408 from Pixabay

A propósito de una conversación vía Instagram Live con mi amiga Pamela Ospina, emprendedora y diseñadora caleña creadora de la marca de ropa femenina Faenza, tuve la oportunidad de reflexionar sobre cuál sería el rumbo de la moda durante y después de la pandemia y los retos que debía sortear. 

La primera palabra que me llegó a la cabeza fue “desaceleración”. Antes de que el virus se extendiera por el mundo, la industria llevaba un ritmo demencial de superproducción, impulsado por las marcas de pronta moda y seguido rápidamente por el sector del lujo. Ya no se trataba solo de crear colecciones para cada temporada (primavera-verano y otoño-invierno), y entre temporadas (Resort y Crucero), todas las semanas debía existir producto nuevo para que los seguidores de las marcas encontraran siempre algo que comprar. 

Este modelo no solo es absolutamente insostenible, es infame con el planeta. La industria de la moda es una de las más contaminantes y la superproducción no hace más que acentuar esta realidad: pilas de ropa nueva desechadas, millones y millones de retazos e insumos descartados, aumento de vertimientos químicos a los afluentes e incremento del gasto de agua.

Es infame también con los seres humanos. Para poder seguirle el ritmo a esta superproducción, la mano de obra necesariamente debe aumentar, y ya conocemos cómo son las condiciones en las que trabajan buena parte de las personas que forman parte de estas mega fábricas de prendas, zapatos y accesorios, en especial en países como China, India, Vietnam y Bangladesh. Son colmenas atestadas, con poca ventilación y turnos infrahumanos que, además, ofrecen un pago mísero.

Ahora bien, no es que el mundo de la moda vaya a cambiar toda esta cruda evidencia de la noche a la mañana. No. Pero al menos la pausa obligada ha puesto la reflexión sobre la mesa. Según el diario El País de España, Giorgio Armani, en una carta publicada en la revista estadounidense Women’s Wear Daily (WWD), cuestionó los excesos del actual sistema de la moda, basado en el consumo masivo y la superproducción, sin atender al medioambiente. “Ya no quiero trabajar así, me parece inmoral”, dijo.

Además reprueba “el exceso de oferta y la rapidez con la que se suceden las colecciones y habla de un ‘desajuste criminal’ entre el tiempo meteorológico y las estaciones comerciales. También reclama un calendario más sensato. ‘El declive del sistema de la moda, tal y como lo conocemos, comenzó cuando el sector del lujo adoptó los modos de funcionamiento de la moda rápida con un ciclo de entrega continuo, con la esperanza de vender más’, razona. Y añade: ‘No tiene sentido que una chaqueta o un traje mío esté en la tienda durante tres semanas, que se vuelva inmediatamente obsoleto y sea reemplazado por una nueva mercancía, no demasiado diferente de la anterior’”, cita el medio.

Esto nos pone pies en tierra. Es irresponsable producir así, sobre todo hoy con variables ineludibles como el “distanciamiento social” y la exigencia que en cuestiones de salubridad y de calidad de vida deben exigir los gobiernos del mundo para este tipo de fábricas luego de que pase la pandemia. No podemos volver a lo mismo.

En una conversación que tuve hace un par de semanas con el diseñador colombiano Camilo Álvarez me contó que a finales del año pasado se había propuesto bajarle al ritmo para el 2020. “Sentí que había adquirido mucho estrés sin tanta necesidad y terminé el año con mucha ansiedad; mi propósito era empezar este con más tranquilidad, ir más lento y hacer cosas con mayor significado, y eso había empezado a suceder los primeros dos meses cuando comenzó el confinamiento. Me sorprendió que ya me hubiera preparado un poco para eso”.   

El creador paisa reafirmó con esta situación que había que bajarle al “acelere”. “Parte del aprendizaje de esta situación es ese: que es posible pensar en ‘todos’ y dejar de lado el aceleramiento por las ambiciones particulares. Ese aprendizaje del pensamiento colectivo es uno de los que más debemos asimilar; juntos es mejor, debemos pensarnos como comunidad y que cada uno mire cómo puede apoyar desde lo que hace para conseguir un bien común”, concluye.     

Esa es la salida. Sí, probablemente esto rechine en los oídos de quienes manejan los números en las grandes empresas de moda, cuya misión es facturar, facturar y facturar, pero el consumidor también ha tenido un tiempo para detenerse y pensar qué es lo realmente esencial en tiempos de confinamiento, y la moda no lo es. Esencial tener alimentos suficientes que permitan preparar comidas saludables, encontrar la manera de moverse o hacer ejercicio en espacios no pensados para ello, mantenerse sano mental y físicamente, y apreciar las relaciones humanas que llenan la vida. ¡Ah! Y tener internet de buena velocidad. 

Qué nos ponemos o cómo nos vemos en nuestra casa quizá no tenga mayor importancia que la que cada uno le dé. Probablemente prefiramos estar y sentirnos cómodos, usar prendas que nos brinden bienestar y que nos permitan hacer todo lo que está de moda por estos días: teletrabajar, realizar los quehaceres del hogar, ser tutores de nuestros hijos en su educación y practicar algún tipo de ejercicio. Entonces, ¿cómo van a convencer las marcas de moda a estos consumidores? Volviendo a lo básico, a la esencia misma de la industria, a su razón de ser primordial más allá del simple vestir: generar placer.      

Relacionado