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Como The Bridgerton ha conseguido ser mucho más actual y realista que la propia The Gossip girl.

Hace 3 meses que tuve una conversación en una reunión familiar donde me enseñaban la imagen de una nueva serie televisiva. Al ver la foto, la indignación que generó me resultó extraña.

-Nos estamos volviendo tontos, locos o estamos perdiendo la cabeza, van a estrenar una serie donde la realeza inglesa en su mayoría es negra… ya no respetan ni la historia…

En cierto modo, entendí que bueno, para alguien interesado por la historia, lo más valorable de una producción cinematográfica sería la fiel reproducción tanto de los hechos como del ambiente en sí… No quise meterme en detalles así que prácticamente le di la razón con un breve y además huidizo, si es que…. Vaya tela….

A día de hoy sigo sin saber por qué la imagen permanecía en mi memoria, al fondo a la derecha bastante lejos, pero ahí estaba. Algo había llamado mi atención y sin saberlo se había quedado atrapado a la espera de respuestas para Dios sabe cuándo.

Al cabo de unas semanas oigo, tío, ¿habéis visto Los Bridgerton?, estoy enganchada. Comienzan esas charlas con diferentes grupos donde todos quieren saber si otros han visto ya la nueva serie de la que se está hablando cada vez más.

Netflix como no, si quiere que te enteres de algo, te pone en la pantalla principal bien grande las nuevas tendencias y ¡PUMM! una reina de Inglaterra de raza negra con una cara que no puedo negarlo, me atrajo muy mucho. Total, que se alinearon los planetas y todo a mi alrededor parecía estar empujándome muy fuertemente a darle una oportunidad a este nuevo evento social y es que si algo me da mayor satisfacción que sentir que mis gustos son raros es cuando de repente me gusta algo que le gusta a tres cuartas partes del planeta. Que vivo se queda uno después de una charla apasionada sobre la cosa más insignificante.

La verdad es que a mi curiosidad le frenaron un poco los comentarios que la bautizaron como la nueva “The Gossip girl” pero de un par de siglos atrás (afortunadamente me fio más de mi criterio que del ajeno), así que le dimos al play y que salga el sol por Antequera.

Después de ver la primera temporada en cuestión de días y terminar inspirado por todos y cada uno de los personajes mi reflexión más automática fue, “¿Quién se privaría con tres meses de antelación de ver una serie de este tipo por no adecuarse fielmente con la historia?” Ahora sé que es gente que preferiría vivir en ese siglo, pero no entremos en negatividades que no hemos venido a esto. Vamos a dejarnos de tonterías, no es una serie histórica y mucho menos pretende que eso sea el centro de su crítica.

Se trata de una serie basada en el Londres del período de Regencia donde sería inimaginable que alguien de color tuviese un papel relevante, pero ¿y qué?, es fresca, es actualizada, es divertida, bonita, sana e inspiradora, por supuesto para quien se deje inspirar y envía un mensaje que al menos para mí está muy claro, y es que para lograr nuestros objetivos no hay porque tomar la vía tradicional, aplicable tanto en la vida, como en el cine.

El director desde luego es avispado, y otra cosa no, pero está con los pies muy bien puestos en el mundo. ¿Qué país extremadamente cuidadoso con conservar su cultura es probablemente el más pionero en casi todo y el más progresista? Te lo digo, Reino Unido. ¿Qué temas preocupan e interesan casi a diario a la enorme masa más joven de nuestra sociedad y más aún con la que nos está cayendo en el coco? No hay que ser un genio, entre otros encontramos el feminismo, la lucha contra la discriminación racial y la igualdad (más aún si le sumamos “The Black Lives Matter” agitando desconsoladamente todas las redes sociales), las emociones, la educación y cada vez estoy más seguro que la comunicación que es la más poderosa de todas las armas y es que un mensaje bien estudiado convence hasta al Rey de los tercos.

La trama parte de la premisa de que el mundo sigue siendo un lugar gobernado por hombres blancos de la alta sociedad, donde unas cuantas personas de color son figuras extremadamente relevantes y en el que se da protagonismo a los papeles de un elenco de mujeres que poco tienen de simples, todo esto edulcorado por la figura de una nueva reina de los cotilleos que juega con los personajes como si fuera un teatro de guiñol.

Golda Rosheuvel como Carlota de Mecklemburgo-Strelitz en el papel de Reina, es la monarca con más tiempo libre de su época y además no sabe qué hacer con su aburrida vida (lo clava) más que dedicarse a llenarla con cuchicheos y chismes pero que además entraña un personaje lleno de temores internos, de miedos y que, si bien no ha abdicado en el trono, si lo ha hecho en la búsqueda de una verdadera felicidad, ya sabéis, cosas que se hacían antes y ahora por mantener el estatus.

Phoebe Dynevor, que interpreta a Daphne Bridgerton es la joven más cotizada entre los hombres de la alta sociedad por su cara bonita y la afortunada familia de la que procede que lucha por dejar de estigmatizar la figura del hombre como ser poderoso, fuerte, sin miedo a nada y rebosante de seguridad y ego. Esta casi adolescente señorita, que de tonta no tiene un pelo, podría decirse que es la figura que encarna mejor el progreso humano en una sociedad enrevesadamente anticuada, desanimada y tóxica.  Tampoco es necesario hacer spoiler por si alguien aún no la ha visto por lo que no comentaré nada más sobre ella, eso sí, creo que sería obligatoriamente justo enamorarse de ella con independencia de la inclinación sexual que tengas.

Otro papel digno de mención es el de Claudia Jessie como Eloise Bridgerton, una de las hermanas pequeñas de Daphne Bridgerton. Una aparentemente indefensa niña que fuma a escondidas y que vive estresada viendo como el destino que la sociedad guioniza para todas las señoritas está próximo a cumplirse para ella. Con un ojito más pequeño que otro que me hace recordar el estrés de muchos hoy en día, esta majísima joven está llena de curiosidad y es amante de la lectura. Tan solo tiene un problemón, que no cree necesario el matrimonio (y menos a modo de subasta de ganado) para poder llegar a ser una mujer respetable y sobre todo feliz.

Yo tengo claro que cada mujer en esta serie es un culto a todas las mujeres que han luchado por construir una sociedad más sana e igualitaria como la que tenemos hoy. Tampoco quiero pecar de injusto y decir que los papeles masculinos estén vacíos, pero sobre todo tratan de eliminar el estigma que pesa sobre ellos y que ¡Mamma mia! como está costando. En cualquier caso, el peso del bando femenino es tan poderoso que aplasta todo lo que se ponga a su paso.

Así que al margen de Lady Whistledown, que es lo único que comparte con la banda de Claire Waldorf y Chuck Bass, me quedo con todo lo demás que es nuevo e inteligente y con el buen rato que me hizo pasar, lo positivo de su mensaje y lo educativa y disruptiva que es.

No me sorprendería que el público joven la devore y la adore porque lo tiene todo o casi todo para gustar e influir, incluyendo el pop más reciente tocado por los violines del servicio de orquesta de la realeza. Está claro que este visionario (el director) ha sabido conectar con nosotros los buenos.

Y por favor, que nadie piense que se trata de una nueva versión de nada hecho antes, aquí hay chismes sí, pero la trama es profunda, desafiante y muy sana. En esta serie solo se derriban muros.

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