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¿Cómo serán los desfiles de moda en la era post-Covid 19?

Si algo se puede sacar en claro del debate en el que hemos estado sumidos los últimos meses, es que pocos negocios se han visto favorecidos por la irrupción de la pandemia. Tampoco ha sido el caso de las marcas de moda, que aún tratan de lidiar con las pérdidas derivadas de un stock que no va a venderse (solo en España, las exportaciones de moda han bajado un 15% interanual) y de centenares de eventos y desfiles que no han podido celebrarse. Pero algunas de ellas han visto en esta fatídica situación una oportunidad para mejorar, haciendo lo que se le llevaba exigiendo a la industria desde hace mucho tiempo: echar el freno.

Varias veces nos habíamos planteado la necesidad y el impacto de unos ritmos de la moda vertiginosos bajo la lógica del calendario tradicional –con las temporadas de prêt-à-porter, Alta Costura, crucero, pre-fall…un mínimo de seis colecciones por año– y de una producción poco consciente en lo medioambiental, pero han sido las restricciones sanitarias y la falta de seguridad las que verdaderamente han puesto en tela de juicio el sistema. Las primeras y principales damnificadas en este contexto han sido las semanas de la moda: el pasado mayo, Saint Laurent y Gucci anunciaban su retirada definitiva de los calendarios oficiales de París y Milán, así como la reducción de desfiles a dos por temporada. Bottega Veneta, Moschino y Jil Sander abandonaron también la agenda de Milán en septiembre para trabajar a su propio ritmo, y Marc Jacobs, Michael Kors y Ralph Lauren hicieron lo propio en la de Nueva York.

La alternativa para otros fue apostar por los formatos digitales o incluso por las fórmulas híbridas, como la del desfile en streaming de Dior en Lecce o el público digital en el front-row de Balmain. Pero un buen puñado de marcas importantes han decidido seguir con los shows presenciales (aforo limitado y distancia social, eso sí), como el de Jacquemus en un campo de trigo o la mítica presentación de Chanel en el Grand Palais. La conversión digital parece inminente ahora que la pandemia ha acelerado el proceso, pero cabe preguntarse: ¿continúan los desfiles físicos siendo más relevantes?

¿Cuántos creéis que llevaban el pijama por abajo? Fuente: Vogue.com.

“Como espectadora que intenta absorberlo todo, los días pasaban como una montaña rusa emocional en la que el raro desfile en vivo resultaba al mismo tiempo fresco, admirable e imprudente, incluso cuando se miraba en una pantalla”, opinaba la crítica Robin Givhan en Washington Post sobre la pasada semana de la Alta Costura (la primera en experimentar la nueva normalidad). Y lo cierto es que, hasta el momento, los datos le dan la razón: según la compañía de tracking Tribe Dynamics, de la docena de firmas de lujo que publicaron contenido relacionado con las semanas de la moda de París y Milán, ninguna logró acercarse al impacto generado por sus correspondientes desfiles el año anterior, alcanzando de media un tercio del engagement online habitual. O, dicho de otra forma: no hay (todavía) formato que le haga sombra al desfile de toda la vida.

Ahora bien, eso no significa que los shows digitales hayan sido un fracaso. Según explica Lauren Sherman en el último informe “The State of Fashion 2021” de BoF, estos resultados no son más que el síntoma de que la industria necesita tiempo para encontrar su sitio. “Lo que habrían sido años en adaptación y cambio online ha sucedido en apenas unos meses, y en adelante las empresas necesitarán ser más ágiles que nunca y ajustar los formatos de eventos de manera consecuente”.

Dentro de esta corriente de nuevas propuestas el protagonismo ha sido para Gucci, que hace dos semanas celebró el primer festival de cine y moda digital. Bajo el paraguas de GucciFest y junto a los fashion films de otros 15 diseñadores emergentes, Alessandro Michele presentó su última colección a través de la miniserie Ouverture of Something That Never Ended, codirigida junto al cineasta Gus Van Sant (sí, el de El indomable Will Hunting). La producción tenía todos los elementos para triunfar, incluidos Harry Styles y Billie Eilish, pero no fue muy aclamada por la crítica. Sin embargo, la idea de crear un espacio que une dos disciplinas artísticas de una forma tan original y accesible, ofreciendo visibilidad a los talentos noveles, es un buen punto de partida.

Con o sin métricas favorables, las firmas se vuelcan en demostrar que otra realidad es posible. Como la de Balenciaga, que utilizó un videoclip para mostrar sus diseños de primavera/verano y que el próximo 6 de diciembre lanzará el videojuego Afterworld para desvelar su colección de otoño/invierno 2021. En él, los usuarios podrán ver las prendas a la vez que navegar en una “aventura alegórica” ambientada en 2031, siguiendo el concepto de marca futurista de Demna Gvasalia.

Tampoco nos vamos a engañar: los desfiles físicos volverán. De hecho, nunca se han ido. Pero se pueden hacer de otra manera. La conversión digital es definitiva para todos los actores del sector de la moda, ya sea por el surgimiento de futuras urgencias sanitarias, por la imperante concienciación medioambiental o por la búsqueda de engagement con las nuevas generaciones. Es una cuestión de tiempo, y el coronavirus acaba de aumentar la velocidad.

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