Moda, Tendencias, Estilos. Compras y experiencias en la red

Cocooners

Antes de la pandemia ya se estaba gestando un nuevo tipo de consumidor, un nuevo estilo de vida que con el COVID se ha reforzado hasta límites, antes, inimaginables.

El término Cocooner fue acuñado a finales de los 80 por Faith Popcorn, una coolhanter o cazadora de tendencias norteamericana; desde luego que la cacería fue excelente, pues dio en el clavo treinta años antes de que se constatara lo que ella preveía. Popcorn está considerada como una de las consultoras de marketing más relevantes, a nivel mundial. Ella definió el Cocooning como una tendencia que llevaría al consumo en el hogar y al comercio electrónico, en definitiva.

Un cocooner es aquél que pide el menú al restaurante para que se lo traigan a casa, que no cocina y compra comida ya hecha en el supermercado, que deja de ir al cine y todo lo ve a través de las plataformas en streaming, que se relaciona para conocer una posible pareja a través de aplicaciones para ligar. Es aquél que, en definitiva, convierte su casa en su castillo o fortaleza y todo o casi todo en su vida sucede de puertas adentro. La tendencia viene de EEUU, pero con la pandemia se ha instalado con vigor en nuestra sociedad. Antes del COVID, en este país, seis de cada diez comidas eran traídas, preparadas, a casa. El consumo de sushi, de velas o de ambientadores para hacer el hogar más confortable y también diferente era ya habitual en esta sociedad. Y si nos centramos en España, en ciudades como Madrid o Barcelona, se compra comida preparada en el supermercado entre cinco y ocho veces al mes.

Como consumidores y tras la pandemia ¿qué estilo de vida vamos a llevar en nuestros hogares? Dentro de un entorno urbano, me aventuro a describir lo que puede ser una semana habitual, en la media poblacional, en nuestras casas: Tomaremos comida preparada por otros entre cuatro y seis veces a la semana; recibiremos una media de cinco a seis repartos de paquetería; pasaremos un tercio de nuestra jornada laboral teletrabajando; con compañeros de trabajo, familia o amigos estaremos de cuatro a seis horas conectados por videoconferencia; el 60% del tiempo de visionado de TV será a la carta y cuando nosotros decidamos; el 80% de la música la escucharemos en streaming; reciclaremos el 100% de los residuos que generemos; entre el 30 y el 50% de nuestras compras serán por internet; el 40% de la prensa la leeremos en dispositivos electrónicos; entre el 15 y el 20% de los espectáculos los veremos online en alguna plataforma; aumentaremos entre un 20 y un 30% la inversión en mejorar el hogar (reformas, amueblado, decoración, etc.) y solteros y divorciados, en un 50%, conseguirán pareja a través de alguna plataforma al uso. Haremos presente el futuro.

Estamos en tiempos de transformación; nuestros estilos de vida están cambiando; evolucionamos hacia un nuevo modo de interacción socioeconómica que ya ha provocado cambios sustanciales y más que se van a producir una vez termine la etapa de transición que estamos viviendo. Es más que probable que tras el confinamiento físico y psicológico, que estamos padeciendo, venga una época de desaforamiento con excesos en lo que hoy son contenciones. Esa fase también será transitoria, de modo que el modelo de sociedad prevalente será el que vivamos a partir de 2023-2024. Será una sociedad más sesgada al disfrute del hogar, en todo lo que se pueda hacer sin necesidad de salir a la calle y también polarizada en vivir esa misma calle (viajes, relación social y ocio compartido) con mucha más intensidad en lo experiencial que ello nos va a proporcionar. En conclusión más individualidad o familiaridad hogareña y más salidas sociales para disfrutar de la compañía de personas, paisajes o ciudades; vamos a ser mucho más intensivos y también más extensivos.

antonio.lamadrid@re-encontrarte.com

Relacionado