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Cocinar para aprender. Y no al revés.

¿Cocinas? ¿Conoces esa sensación de necesidad de que reconozcan tus méritos cuando preparas tu plato estrella? Lo/as niño/as son personas como tú y yo, pero en pleno desarrollo. Motivar su interés por la cocina nos ayudará a crear hombres y mujeres capaces de disfrutar de la rutina más importante de su vida: comer.

Pero para poder desarrollar esa capacidad, deben practicarla de manera, más o menos, habitual. Permitirles que toquen, conozcan y nos ayuden en nuestras rutinas culinarias les ayudará a familiarizarse tanto con el espacio, como con el producto. Ni qué decir tiene que un/a niña/a que cocina es un/a niño/a que disfruta de la comida. De manera equilibrada, intuitiva pero sostenida. Ésta es la forma adecuada de hacer frente a todas las dudas y miedos que nos produce ser capaces de proveerlo/as de una adecuada alimentación y unos hábitos deseables.

Mi familia siempre ha tenido una parcelita en el campo. Recuerdo que cuando era niña mi abuelo criaba allí pollos, conejos y gallinas. No sé en qué momento exacto descubrí que los animalitos que yo alimentaba eran los mismos que me alimentaban, a posteriori, a mí. Pero sufrí cierta consternación cuando fui capaz de entender esta etapa de nuestra cadena trófica y ligarla a todo el trabajo que mi abuelo hacía para ayudarnos a comer mejor. No me gusta el conejo, pero ya no es porque me niegue a comerme ese animalito tan tierno de ojos rojos. Ahora lo decido porque he sido capaz de desarrollar mis gustos y preferencias y eleijo muchas otras carnes que me resultan más sabrosas. Pero como elección personal.

Decidir comer bien. Ésa es la verdadera libertad de la que hemos de ser capaces de proveeer a nuestro/as hijo/as. Evitarles entender lo que comen no nos va a ayudar a que coman mejor, sino todo lo contrario. Consciencia y capacidad de elección son términos que no funcionan por separado. Y, precisamente por eso, debemos empezar a ceder espacios en nuestras rutinas diarias para ayudar a nuestro/as hijo/as a aprender de dónde sale lo que comen, por qué es bueno que lo hagan y de qué forma puede prepararse en la cocina para que resulte apetecible.

Un taller de pizza casera para celebrar su cumpleaños con amigo/as. Un bizcoho de yogur improvisado para merendar. Unos gnoqui de patata con diseño manual único. Unas palomitas de sartén y aceite de oliva. Un riquísimo guiso de albóndigas como cena especial de viernes… Imagina a tus hijo/as capaces de entender y decidir lo que quieren comer en un restaurante sin tener que mirar siquiera el apartado infantil de la carta. No se trata de que envidies a esos padres y madres cuyos hijo/as no apartan la verdura de su plato, sino de que empieces a practicar una nueva forma de hacer que lo/as tuyos aprendan a decidir cuáles prefieren para combinar con su hamburguesa o si les gustan más en crema, quiche o menestra.

Hay tantas opciones con las que ir imbuyendo en ello/as esa pasión por marcharse las manos y probar el punto de sal, que resultaría increíble que no empezaras con ello ya… el resultado te sorprenderá de inmediato. Y es gratis.

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