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China como potencia mundial

Desde la fundación de la República Popular de China, en 1949, las autoridades de ese país han declarado que su política exterior se guía por cinco principios fundamentales:

  1. Respeto mutuo de la soberanía territorial;
  2. Política de no agresión;
  3. No interferencia en los asuntos internos de otros países;
  4. Igualdad y beneficio mutuo;
  5. Coexistencia pacífica”.

Estos principios fueron expuestos por el ex – presidente Mao Tze-Tung en su discurso de apertura en el VIII Congreso Nacional del Partido Comunista Chino (PCC) el 15 de septiembre de 1956.

“Para lograr una paz duradera en todo el mundo debemos continuar desarrollando nuestra amistad y colaboración con todos los países hermanos del campo socialista y reforzar nuestra unidad con todos los países amantes de la paz. Tenemos que esforzarnos por establecer relaciones diplomáticas normales, sobre la base del respeto reciproco a la integridad territorial y a la soberanía de la igualdad de derechos y del provecho mutuo, con todos los países que deseen vivir en paz con nosotros.” (Discurso de apertura en el VIII Congreso Nacional del Partido Comunista Chino 15 de septiembre de 1956))

Con la despolarización que siguió al fin de la guerra fría, la política exterior china ha sido calificada por los expertos como de “apertura y pragmatismo diplomático”. Estos principios han sido re – confirmados en los distintos congresos del Partido Comunista Chino, particularmente a partir de su “III sesión plenaria”, en 1979, cuando Deng Xiaoping decidió llevar a cabo la reforma económica de China y su apertura hacia el exterior.

Desde ese momento la línea fundamental que ha adoptado China, en materia económica, ha sido la creación de una estructura basada en la combinación de mercado y planificación dirigida desde el Estado.

En China se considera que todo es válido y correcto, si contribuye a:

  1. Promover el desarrollo de las fuerzas productivas, 
  2. Mejorar las condiciones de vida del pueblo y
  3. Fortalecer el Estado socialista.

Estos tres condicionantes resumen la posición de Deng Xiaoping, considerado el constructor de la nueva política económica china, quien señalaba en una frase ya famosa que no le importaba que el gato fuera blanco o que fuera negro mientras cazara ratones, en clara alusión de que no le importaba como se denominara el sistema económico que adoptaran siempre y cuando sirviera a los intereses de producir los bienes y servicios necesarios para mantener a los millones de chinos.

Como resultado de la adopción de esta política económica, China se ha posicionado en la actualidad como el más serio competidor de la economía norteamericana, llenando el vacío que dejó la Unión Soviética al desaparecer en 1991 si tomamos como fecha oficial de tal acontecimiento la disolución del Sóviet Supremo el 26 de diciembre de ese año.

Hoy, la percepción dominante, tanto en China como en los Estados Unidos, es la siguiente:

  1. Los chinos percibe que los Estados Unidos quiere aislarlos, limitarlos, socavarlos como país emergente.
  2. Los Estados Unidos se perciben a si mismo siendo, a perpetuidad, la potencia dominante del mundo y a China, como un competidor desleal.
  3. El mundo percibe que ambas potencias podrían entrar en una espiral de guerra comercial con resultados impredecibles.

Estas percepciones se han reforzado con la llegada a la Casa Blanca del Presidente Donald Trump quien ha lanzado serias acusaciones contra el gobierno chino. En reiteradas ocasiones  Trump ha acusado a las autoridades de ese país de haber restado puestos de trabajo a los estadounidenses, de haber socavado las bases económicas de los Estados Unidos con sus “exportaciones subsidiadas”, de ser el país más grande manipulador de divisas, de “robar” propiedad intelectual de los estadounidenses y de explotación laboral.  

China ha respondido en abriendo diferentes frentes:

  1. Proponiendo un acuerdo regional (la Asociación Regional Comprensiva Económica) que incluye a diez países miembros de la “Asociación de Naciones del Sudeste Asiático” (A.S.E.A.N) y a seis naciones más, incluida la India, que representarían una población estimada en aproximadamente de tres mil millones de habitantes.
  2. Presionando para incrementar su poder en el Fondo Monetario Internacional. La actual arquitectura financiera global sigue reflejando la misma realidad que emergió después de la segunda guerra mundial, pese a que sus principales actores, Estados Unidos y Europa, han perdido protagonismo a favor de China.
  3. Creando el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura en el cual participan, entre otros Alemania, Brasil, España, Francia, India, Italia, Portugal, Reino Unido y Rusia.
  4. Lanzando la iniciativa, a través de este banco, de “Un cinturón y un camino”. El cinturón hace referencia a la ruta de comercio terrestre que une Asia central, Rusia y Europa (nueva “ruta de la seda”). El camino es una referencia a una ruta marítima que atraviesa el Pacífico Occidental y el Océano Índico. Esta “ruta de la seda” le permitirá a China aumentar sus exportaciones regionales y hacer crecer, aún más, su influencia comercial y económica a nivel global y, finalmente,
  5. Asumiendo un fuerte compromiso con la globalización lo cual lo diferencia claramente del discurso nacionalista de la actual administración norteamericana.
  6. Finalmente, devaluando su moneda frente al dólar para ganar competitividad, especialmente frente a los Estados Unidos.

 Por otro lado, China se ha convertido en el más fuerte defensor de la globalización. Al respecto el Presidente Xi Jinping, primer presidente de China en asistir a una cumbre del Foro Económico Mundial (Davos, Suiza en 2017), ofreció una apasionada defensa del libre comercio y la globalización. Esta defensa de  la globalización la hace al mismo tiempo que Estados Unidos, el hogar moderno del capitalismo, dice que las actuales reglas del libre comercio mundial deben ser desechadas. El presidente chino ha dicho, entre otras cosas que:

En una perspectiva histórica, la globalización económica es el requerimiento objetivo para el desarrollo de la capacidad de producción de la sociedad y el resultado del progreso de la ciencia y tecnología. No se trata de algo creado por algunas personas o algunos países. La globalización económica ha provisto a la economía mundial de una gran fuerza impulsora, ha promovido el flujo de mercancías y capitales, el progreso de la ciencia y la tecnología y de la civilización, el contacto entre las gentes de los diferentes países”.

Para más adelante insistir que:

“China de forma insistente aboga por un modelo abierto y transparente, por acuerdos de libre mercado regionales de mutuo beneficio, y desaprueba los pequeños círculos de naturaleza excluyente y fragmentada.” (Discurso del Presidente Xi Jinping en la Ceremonia de Apertura de la Conferencia Anual de 2017 del Foro Económico Mundial, 2017)

En este modelo China tiene algunas ventajas evidentemente frente a sus competidores. Por ejemplo, su economía está constituida sobre un tejido empresarial, tanto público como privado, estructuralmente comprometido con las políticas del gobierno el cual coloca todos los recursos para alcanzar sus objetivos de competitividad internacional. Esto les permite a los empresarios chinos asumir riesgos que para sus competidores internacionales son inasumibles. No sólo cuentan internamente con el respaldo económico del Estado sino que, a nivel mundial, cuentan con respaldo diplomático que utiliza todo su arsenal para alcanzar sus metas. Este esquema de funcionamiento les ofrece a las empresas chinas que salen al mercado internacional enormes ventajas que sus competidores no se pueden permitir.

Esto le ha permitido a China convertirse en un jugador global como lo demuestra su presencia en América Latina China donde viene incrementando su importancia como socio estratégico de la región, en detrimento del tradicional papel jugado por Estados Unidos y Europa.

Ya para el año 2014 China era uno de los tres socios estratégicos de los principales países de la región. En los últimos años, la emergencia de China como potencia industrial creó una demanda mundial de materias primas que fue aprovechada por América Latina para mejorar su desempeño exportador y por China para consolidar su presencia en la región.

No obstante, vemos con preocupación cómo en esta relación América Latina sigue reproduciendo su tradicional patrón de especialización exportando productos con poco valor agregado y bajo nivel de incorporación de conocimientos y tecnología. América del sur continúa exportando productos intensivos en recursos naturales, Centroamérica y México, exportan productos intensivos en mano de obra barata y la región del Caribe continúa exportando servicios intensivos en ventajas comparativas estáticas.

América Latina debe estar atenta a que esta nueva vinculación con China no continúe profundizando el modelo agro-minero exportador que por siglos nos ha caracterizado.

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CHINA COMO POTENCIA MUNDIAL by Marcos Martinez Vera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
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