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Buscando en el baúl de los recuerdos

Soy de esas que personas a las que se les pasa el día volando rebuscando entre los escombros de aquello que un día fue el armario de su abuela. A lo mejor no hablaría con mucha propiedad si dijera que soy “de esas personas” y debería acertar diciendo; “soy esa persona”.

En línea de lo mencionado, adoro sacar a pasear todas las reliquias con las que me he ido haciendo a lo largo de los años tras numerosas travesías y safaris por los armarios de la Señora Madre o la Señora Abuela, o AlgunaSeñoraTíaDeBuenaVoluntad, que me permite meter la zarpa entre aquellas “cosas que ya no usa”. Se encuentran auténticos tesoros, tiemble Amancio.

En numerosas ocasiones (lo cierto es que la mayoría de ellas) la alegría y satisfacción por llevarte algo gratis, y encima, vintage, hace que se nuble un poco cuál era el quid de la cuestión: aprovechar y rescatar las bonitas prendas que por X o por Y, llegan a hacer piña en un rincón poco vistoso viendo pasar los años desde la quinta balda de algún armario.

Muchas veces, estas prendas hay que desecharlas por temas tan lastrosos como son NuestrasAmiguisLasPolillas, pero a menudo, la mayoría de ellas están en muy buen estado. Puede que a primera vista no te entre en la cabeza reemplazar un cárdigan de temporada por uno que acabas de toparte entre los enseres de tu adorable Abuela. Pero lo cierto, y en esto puedo dar fe, es que sorprendentemente, descubres nuevas tiendas que se convertirán en tu fetiche, sobrevivirán a todo tipo de circunstancias, y resultaran camaleónicamente atemporales.

Y así, sucesivamente, pasas de un cárdigan a una americana, de una americana a algún pañuelo que ves que tu madre ya no usa, del pañuelo a ese bolso que tu tía le regaló a tu abuela cuando fue a Escocia por primera vez, del bolso a esos anillos que tu madre no sabía dónde los había guardado… Poco a poco, vas atesorando pequeñitos detalles, cargados de grandes historias.

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