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Buscan a narcomenudistas que molieron a golpes a jovencito por grabarlos

Tijuana/Baja California

Vendedores de droga de la canalización del Río Tijuana, asesinaron a Kevin Yael de 14 años.

El menor, quien cruzaba el puente que utilizan estudiantes para llegar al Centro Escolar Agua Caliente, caminaba distraído porque su concentración estaba en una video llamada que sostenía con un amigo. Se ponían de acuerdo para la hora de llegada de Kevin. Por eso no vio a sus verdugos.

Cuando se topó con sus asesinos, vendedores de droga, éstos en su paranoia increparon al adolescente. Creyeron que los estaba grabando. No era sí. Les explicó que hacía una video llamada. La cámara de su celular estaba centrada en él y no es quienes cruzaban a su vez el puente.

Pero los narcomenudistas no entendieron ni de razones ni de tecnología. Arrebataron el celular a Kevin, y fue lo último que se supo de él. Lo confió el amigo con el cual sostenía comunicación al momento.

Cinco días después de interrumpida la llamada del menor, su cuerpo apareció. Lo mataron a golpes.

Ni la “abrumadora” presencia de la Guardia Nacional, ni dentro del patrullaje de la Policía Municipal en una zona tan concurrida por estudiantes y por narcomenudistas, alertó el peligro en el que se encontraba Kevin.

Las policías operativas y las cámaras no vigilaban el puente en el que el niño fue atacado, a pesar que es un conocido punto de venta de droga.

A la serie de desaciertos y omisiones, se sumó que durante las primeras horas después de su desaparición, la Fiscalía General del Estado no buscó a Kevin. Los padres denunciaron la desaparición 24 horas después de sucedida. La FGE tardó 48 horas más en emitir la Alerta Ámber. La responsabilidad de la búsqueda, a la cual no asistió la Guardia Nacional, quedó en familiares y amigos, quienes entraron a buscar al menor a la peligrosa zona de la canalización del Río Tijuana.

A Kevin lo mató también la indolencia permisiva de las autoridades, la omisión en la activación de protocolos para la búsqueda de menores desaparecidos, la inacción de la Guardia Nacional, la ausencia de políticas públicas para desterrar de narcomenudistas la canalización del Río Tijuana, tomada por el crimen desde hace por lo menos siete años.

La tragedia continúa: no ha sido posible determinar si los golpes que acabaron con su frágil y joven vida, le fueron propinados por los puños de sus asesinos, o fue lanzado desde el puente.

Lo que les resultaría fácil, porque los ladrones robaron la malla metálica de protección de los puentes para evitar caídas y el Gobierno no las ha repuesto.

En la impunidad y corrupción que priva en la canalización, nadie se dio cuenta que un niño fue asesinado y arrastrado –vivo o muerto- hasta el punto donde su cadáver fue abandonado.

Kevin recién se había graduado de la secundaria. Su padre, dolorido, sólo atina a decir: “Queremos justicia, me arrebataron un hijo, es un dolor muy fuerte que no le deseo a nadie. Lo único que pido es justicia para mi hijo; era un niño muy noble y trabajador, su sueño era ser boxeador, pero lamentablemente nos lo arrebataron”.

Con información de Sin Embargo

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