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Aventuras y desventuras de un calvo

Por Manuel Arnau Parrado

El 30 de diciembre pasado fui a que me pelaran para estar más presentable para el fin de año y la barbera me informó que, debido a la devaluación del peso cubano prevista en el ordenamiento monetario para el 2021, por el pelado sencillo que antes costaba 25 pesos debía pagar desde ya 50 pesos, pues al igual que los trabajadores asalariados, los cuentapropistas necesitaban recibir un «anticipo» para enfrentar los mayores precios que comenzarían a regir a partir de enero. Argumento irrebatible sustentado en la existencia de un encadenamiento de salarios y precios, utilizado por alguien que aunque no conoce mucho de economía, sabe de qué palo se rasca.

Como estoy calvo, le dije que me parecía que debía hacerme una rebaja pues suponía que resultaba más sencillo y rápido pelar a alguien con poco cabello que a quien tuviera mucho, pero me argumentó que pelar un calvo era más difícil porque había que perder más tiempo buscando los pelos de encima de la cabeza para emparejarlos, y que si estaba sudado era peor porque estos cabellos se pegaban a la piel. No pude convertir mi limitación cabelluda en victoria, pues mis conocimientos sobre barbería son casi nulos. Por otra parte, el incremento del precio del pelado estándar resulta muchísimo menor que el aumento de los salarios y las jubilaciones.

Aparte de la anterior, estar calvo tiene más desventajas que ventajas.


En primer lugar, para protegerse del fuerte sol o del frío los calvos deben llevar sombrero o gorra, y en un país con clima cálido como el nuestro esos adminículos dan mucho calor y hacen sudar. Cuando los calvos se bañan en el mar, están obligados a cubrirse la cabeza si no quieren largar el desprotegido pellejo debido al fuerte sol playero, y para zambullirse tienen que agarrar la gorra con una mano o dársela momentáneamente a alguien para que la sujete, porque cuando uno se sumerge la gorra tiende a flotar y se sale de encima de la cabeza.

En segundo lugar, a los calvos algunas veces se les dificulta encontrar pareja. Hay mujeres que prefieren los hombres cabelludos. No siempre es así, el actor escocés Sean Connery, a pesar de tener una buena parte de la cabeza pelona, fue electo a los 69 años de edad como «el hombre más sexy del siglo». Además, en el cine occidental han impuesto una nueva imagen personal varios actores famosos con la cabeza rasurada, entre ellos Bruce Willis, y esa moda se ha expandido a los demás hombres, incrementándose la cantidad de pelones que uno encuentra por doquier. Por supuesto, tiene más oportunidades el que se rasura el coco y muestra una cara agraciada que aquel que tiene cara de crimen o de bobo.

En tercer lugar, como el cabello protege el cuero cabelludo, a los calvos los golpes en la cabeza le suelen rasgar la piel, a veces hasta con la gorra puesta, y una postilla en el coco pelado se ve a la legua.

En cuarto lugar, algunos jóvenes irrespetuosos le dan rienda suelta a su envidia y gritan: «¡Calvo!», cuando algún pelón pasa junto a ellos en compañía de una joven atractiva.


El colmo de un mondo es apellidarse Calvo ya que puede parecer una broma cuando uno con la cabeza rala se le presenta a un desconocido diciendo: «Mucho gusto, Andrés Calvo». Un bromista le pondría como sobrenombre Calvo2. Peor fuera que sus dos apellidos fueran Calvo, que los ha habido, y el bromista le llamara Calvo3 o 3 en 1.

Muchos pelones se consuelan pensando que la calvicie tiene algunas ventajas: no deben perder tiempo peinándose ni secándose el cabello después de lavarlo, y pueden ahorrar el dinero que otros invierten en tintes y champú.

La existencia de calvos puede resultar útil a los demás, al ser tomados como punto de referencia para localizar a alguna persona, por ejemplo: «¡Fíjate bien, María, Juan está sentado tres asientos a la derecha del calvo!»

Algunas personas recomiendan tratamientos inverosímiles para la calvicie. Conozco uno que probó de todo, hasta se puso sudor de caballo en la cabeza y todos le resultaron inefectivos. Existen algunos tratamientos clínicos para estimular el crecimiento del cabello pero su eficacia es limitada, por eso se afirma comúnmente que lo único que detiene la caída del cabello es el suelo.

Estimados calvitos: si no se resignan a salir a la calle mostrando la piel brillosa de la cabeza, intenten con algún servicio dermatológico recibir tratamiento clínico-medicamentoso o implantes de cabello. Si nada de eso les resulta factible y tienen suficientes recursos con qué pagarlo, traten de conseguir un bisoñé; me han dicho que existe un pegamento especial para eso, que no es tóxico, gracias al cual hasta se pueden bañar en una piscina y el peluquín no se despega durante meses.

Si ninguno de los remedios anteriores les resulta factible o satisfactorio asuman la alopecia con dignidad y sin complejos, piensen que hay males peores en la vida. La cojera resulta muy molesta y hasta puede deteriorar el carácter de los que la padecen. Algunos defectos de la vista, como la miopía o la hipermetropía, se corrigen por la vía quirúrgica, pero a muchas personas no les queda más remedio que usar los incómodos lentes de contacto o espejuelos, y no se amilanan por llevarlos puestos.

La imagen física no dura para siempre, se deteriora con el paso del tiempo. En el caso de los seres humanos, lo que tiene mayor validez para sostener relaciones estables con los demás son los valores morales, entre estos, honestidad, lealtad, solidaridad, sinceridad, decencia… A las personas también se les respeta por su talento, pero si el talento no va acompañado de valores, a la larga se pierde credibilidad. Por eso resulta tan atinado el final de un estribillo que cantan los niños de La Colmenita, que dice: «porque es que tener talento es tener buen corazón».

(Publicado originalmente en Cubano Jubilado)



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