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Armarios de plástico

Me encanta. Lo necesito. Me lo compraría todo. ¿Quién fuera rica? Las nuevas tendencias enloquecen nuestro sentido común, engrandecen nuestros deseos y nos crean necesidades que ni siquiera sabíamos que teníamos. Todo vuelve a estar de moda y siempre sentimos la necesidad de ‘estar a la última’. Es la pescadilla que se muerde la cola.

Sin embargo, lo que puede que no sepamos es que una de las consecuencias que posee el consumismo masivo que provoca uno de los grandes sellos españoles (y ya internacionales), el imperio low cost, es que las tendencias no solo vacían nuestros bolsillos, sino que también llenan nuestros océanos

La seducción de la industria fashionista es casi irresistible. Todo el mundo consume moda a diario, incluso quién trata de ignorarla o despreciarla. Ya lo dijo Miranda Presley en El diablo se viste de Prada: “Estas cosas? Oh, entiendo. Tú crees que esto no tiene nada que ver contigo. Tú vas a tu armario y seleccionas, no sé, ese jersey azul deforme porque intentas decirle al mundo que te tomas demasiado en serio como para preocuparte por lo que te pondrás. Pero lo que no sabes es que ese jersey no es sólo azul, no es turquesa, ni es marino, en realidad es cerúleo. Tampoco eres consciente del hecho de que en 2002 Óscar de la Renta presentó una colección de vestidos cerúleos. Y luego creo que fue, Yves Saint Laurent el que presentó chaquetas militares cerúleas. Y luego el azul cerúleo apareció en las colecciones de ocho diseñadores distintos; y después se filtró a los grandes almacenes; y luego fue a parar hasta una deprimente tienda de ropa a precios asequibles, donde tú, sin duda, lo rescataste de alguna cesta de ofertas. No obstante, ese azul representa millones de dólares, y muchos puestos de trabajo, y resulta cómico, que creas que elegiste algo que te exime de la industria de la moda, cuando, de hecho, llevas un jersey que fue seleccionado para ti, por personas como nosotros, entre un montón de cosas.”  Nadie; insisto, nadie, se exime de la industria de la moda.

Lo que hace falta es más cultura, pero sobre todo, interés

No obstante, debemos diferenciar dos conceptos completamente antagonistas para poder hablar con propiedad: la moda y los productos. Porque no son lo mismo. Los productos encarnan todas y cada una de nuestras adquisiciones: un pantalón, unas deportivas, una gafas de sol, nuestras joyas… Y la moda es toda la parte económica, política, social, y medioambiental que causa impacto en nuestro estilo de vida. La moda puede vivir sin los productos, pero los productos no pueden vivir sin la moda.

La corriente fast fashion es dañina, y lo es por su instalación en los últimos tiempos. Los políticos, gracias a este sistema de implantación, han conseguido asociar el patriotismo con las compras. Los publicistas ofrecen sin tregua lo que nadie les pide por cada vez más medios de comunicación, y los empresarios han encontrado maneras de producir sin casi invertir. 

Los políticos, gracias a este sistema de implantación, han conseguido asociar el patriotismo con las compras

En dichas sociedades, tan expertas en consumir y tan ansiosas por comprar, el daño se multiplica agregando varios ceros en las estadísticas. ¿Hablamos de datos?

Un vaquero llevado a los números consume una media de 3.000 litros de agua por unidad. Al día se confeccionan miles de millones de vaqueros en todo el mundo.

El poliéster es la fibra más usada para confeccionar moda porque es un tejido relativamente barato. Sin embargo, emplea al año una media de 70 millones de barriles de petróleo en ella y tiene una periodicidad de 200 años. Nadie usa un vestido durante 200 años. Esa prenda no se recicla y acaba en el mar o en los llamados vertederos textiles.

El rayón, la viscosa o el tencel se elaboran a partir de celulosa. Están libres de petróleo, pero la cifra vuelve a seleccionar los 70 millones, esta vez de árboles, talados y no sustituidos por otros nuevos. Y si solo apuestas por fibras naturales, como el algodón, has de saber que es el cultivo que más consume plaguicidas, los cuales afectan a la tierra y al agua.

La moda puede vivir sin los productos, pero los productos no pueden vivir sin la moda

La industria de la moda es la segunda industria más contaminante del planeta, después de la petrolífera. Actualmente, estos datos existen gracias a Saint Google. Es un avance, pero no es suficiente. Desgraciadamente, nunca lo es. Lo que hace falta es más cultura, pero sobre todo, interés. Porque no es una situación hipotética, es la realidad.

Por ello, muchas firmas y casas de moda ha querido contribuir con su granito de arena y apuestan por lo que hoy en día conocemos como moda sostenible. 

Responsabilidad, ética y consumo consciente son adjetivos que definen este movimiento. La sostenibilidad ya no es una opción, sino el único camino. Nos estamos cargando el planeta a 4,99 € la camiseta. 

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