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Adiós mundo cruel, hola mundo pantalla

Adiós mundo cruel, hola mundo pantalla

Tiempo de lectura: 4 minutos

Como imagino ya habrás notado ( y también de alguna manera sufrido), nos hemos instalado definitivamente en una realidad frenética de inquietud y necesidad constante de respuestas rápidas, fáciles y a poder ser gratuitas que hagan de nuestra vida el mejor lugar posible para desarrollar nuestros proyectos, propósitos y metas. Nos rodean infinidad de estímulos como vídeos, escritos, cursos, imágenes, notícias, series y mil cosas más que, aun reconociendo que algunas pueden llegar a aportar innegable valor, nos abruman haciendo que nuestro tiempo, nuestras ideas y nuestras energías se diluyan día tras día. El mayor reto que tenemos a hoy es conseguir mantener el foco en algo, una constante lucha titánica para no sucumbir a los cantos de sirena que nos ensordecen en el basto universo de internet, lleno de bondades pero a la vez repleto de trampas y ratoneras para pescarnos en este mar de insatisfacción personal y profesional en el que nos encontramos. Un enorme río revuelto donde todos queremos convertirnos de la noche a la mañana en hábiles pescadores de clientes, oportunidades o experiencias de todo tipo.
Son tiempos de cambio y transformación profunda de la sociedad y sus necesidades. El acceso a mayor formación y conocimiento es más grande que nunca, pero en cambio, da la sensación que nos sentimos bloqueados, y hasta me atrevería a decir bombardeados, ante el enorme abanico de posibilidades que se abre ante nosotros.
Esta es nuestra realidad, y lo inteligente aquí es analizarlo y sopesar que estamos ganando y obviando en este proceso.
La mayoría de los navegantes que nos embarcamos a diario en la red podríamos llegar a reconocer que nos pasamos a la deriva de internet y sus aplicaciones más tiempo del que seria razonable. Hemos convertido la información y el entretenimiento en algo tan increiblemente cómodo y acesible, que nos movemos por estímulos inmediatos e inconscientes. Constantemente vamos a youtube, a wikipedia, o redes sociales, por poner algunos ejemplos, sin la más mínima reflexión al respecto. Es fácil, és rápido= lo hago.
Personalmente me inquieta la sensación personal, pero de alguna manera intuyo que también colectiva, de falta de rumbo y dirección, un despiste generalizado que contribuye a vivir en piloto automático para lidiar con la sobrestimulación a la que estamos expuestos. Nos hemos instalado en la dependencia total de dispositivos que nos ofrecen el aceso al mundo entero desde la palma de la mano, aunque me surge la pregunta: ¿ que hábitos de nuestra vida hemos cambiado? ¿que estábamos haciendo nosotros mismos antes de instalar definitivamente nuestra mirada sobre las pantallas? Si te parece, te dejo abierta la respuesta para que la contestes tu mism@.
Y permíteme que me surja aún otra pregunta más, ¿sin esos añadidos tecnológicos en que se quedan nuestras vidas? Toda nuestro ocio, nuestra vida personal, familiar y profesional pasa por este tipo de dispositivos, así que renunciar a ellos resulta algo impensable. En no demasiado tiempo hemos pasado de llamar y escribir de vez en cuando un SMS ( para los más nuevos es como llamábamos a los mensajes prewhatsapp) a creer poder hacerlo literalmente todo con una pantalla mediante.
Personalmente tengo una especie de radar que me indica que si estoy actuando como la mayoría algo no debe ir bien, y es que como dijo el periodista Walter Lippmann:

“Cuando todos pensamos igual, es que nadie está pensando”

En el caso de la dependencia a los dispositivos electrónicos e internet conozco a pocas voces que pongan en cuestión su influencia y que actúen a la vez en consecuencia de racionalizar su uso. Hay gran cantidad de estudios que rebelan el impacto negativo sobre la población más joven (niños y adolescentes sobretodo) que ya tienen patologías cercanas a la ansiedad y la dependencia tecnológica. Por supuesto los adultos tampoco nos escapamos a esto ya que siempre encontramos una buena excusa o razón para estar conectados. Esto esta muy relacionado con lo que avanzaba antes, y es que si nuestra realidad no nos convence, solemos evadirnos, refugiandonos en culaquier cosa que nos llene ese vacío. No hay que ser muy hábil ni despierto para cerciorar que estamos instalados en una crisis de manual, un impaso más o menos dilatado en el tiempo, de cambios estructurales donde lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de llegar.
Honestamente pienso que estamos sólo viendo la punta del iceberg y que nuestra absoluta dependencia con la tecnologia digital queda instalada durante esta ERA que se abre ante nosotros, acelerada cabe decir por la pandemia vivida en 2020, sin duda el punto de inflexión más claro en lo que llevamos de siglo XXI.
En conclusión, y como habrás intuido, ya no nos queda otra opción que adaptarnos lo mejor posible a esta realidad y afirmar que, como de costumbre, el problema no radica en la herramienta, en este caso internet y los dispositivos que lo acompañan, sino en el uso creativo, útil y consciente que hagámos de él.
Hagámos un trato. Que te parece si después de leer este escrito, cronometras el tiempo que estas sin mirar ninguna pantalla? Te reto a que lo hagas y me digas el resultado de tu experimento.

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